Edición 218 - Talento humano en la era digital 2026
Sobrecarga de información: el costo invisible de la hiperconexión

Por: Valentina Humar, directora general de GJ Comunicaciones.
La conversación sobre el talento en la era digital casi siempre gira alrededor de las mismas preguntas: qué habilidades hay que aprender, cómo prepararse para la inteligencia artificial, qué perfiles serán los más buscados. Pocas veces se habla, sin embargo, de un costo que ya está instalado, silencioso, dentro de cada organización: el de la sobrecarga de información.
Vivimos, sin exagerar, en la era de la sobrecarga. Un estudio de la Universidad de California en San Diego calculó que el estadounidense promedio consume hoy cerca de 34 gigabytes de información al día, un aumento de 350 % en menos de tres décadas. Esa dieta diaria equivale a unas 100.000 palabras, casi lo mismo que leer “Guerra y Paz” de Tolstoi cada cuatro días.
El trabajo híbrido no ayuda. Para muchos colaboradores, cerrar la jornada laboral dejó de ser un momento definido: entre el computador y el celular, la conexión con el trabajo puede extenderse doce horas o más sin interrupción real. La cantidad de información, canales y herramientas ha crecido de forma exponencial. La capacidad del cerebro humano y las horas del día no. El resultado es una fatiga digital que, sin manejo, termina en agotamiento.
McKinsey lo documentó hace años en su artículo “Recovering from information overload“: la evidencia científica es clara en que la multitarea vuelve a las personas menos productivas, menos creativas y menos capaces de tomar buenas decisiones. Vale la pena, entonces, preguntarse no solo qué habilidades necesita el talento humano, sino qué está haciendo la empresa para protegerlo del ruido. Hay, al menos, cuatro caminos que cualquier organización puede recorrer sin necesidad de grandes presupuestos.
El primero es simple: bloques o días sin reuniones. Un estudio de MIT Sloan Management Review, que analizó 76 empresas multinacionales, encontró que un solo día sin reuniones a la semana aumenta la productividad en 35 %, reduce el estrés en 26 % y mejora la satisfacción laboral en 52 %. No cuesta nada implementarlo, solo una decisión de calendario.
El segundo es capacitar a los equipos en gestión de la atención, no solo en herramientas digitales. La investigadora Gloria Mark, de la Universidad de California en Irvine, encontró que el 44 % de las interrupciones que sufrimos en el trabajo son autogeneradas. Saltamos de una tarea a otra, del correo a WhatsApp, y de ahí a una pausa breve en redes sociales, casi sin notarlo. Enseñarle a un equipo a reconocer ese patrón suele ser más efectivo que cualquier política corporativa.
El tercero exige repensar la reunión misma. Investigadores de Stanford y Microsoft Research analizaron más de 34.000 registros de reuniones remotas y encontraron que entre el 29 % y el 31 % involucran a alguien respondiendo correos mientras la reunión ocurre, y una proporción similar implica editar archivos en paralelo. La virtualidad tiene ventajas evidentes, pero también facilita una multitarea que en persona sería mucho más difícil de disimular.
El cuarto es, quizás, el más olvidado: reducir el número de canales y herramientas de comunicación. Entre la nube, las aplicaciones y la inteligencia artificial, los colaboradores tienen hoy acceso a decenas de plataformas distintas. No todas son necesarias. Sin procesos claros de organización de la información, buena parte del tiempo laboral termina en buscar lo que ya existe, en lugar de producir algo nuevo.
Ninguna de estas cuatro medidas requiere presupuestos grandes ni transformaciones tecnológicas costosas. Requieren, eso sí, algo más difícil: que las empresas acepten que la atención de su gente es un recurso finito, y que protegerla es tan estratégico como cualquier plan de capacitación en nuevas habilidades.
Agosto 2026