Los pagos electrónicos ganan terreno en tiempos de crisis, según Minsait Payments



Ante la posibilidad de que el uso de efectivo sea un medio de transmisión del COVID-19, la OMS sugiere realizar pagos con tarjetas, más concretamente, con tecnología contactless, con el objetivo de disminuir el riesgo de propagación del virus, lo que impulsará los pagos electrónicos.  

Bogotá, 21 de abril de 2020.- No era de esperar el desafío sin precedentes que vivimos en estos días como consecuencia de la desenfrenada y rápida expansión del COVID-19, cuyo impacto, todavía incalculable, se asoma en forma de una crisis humanitaria, económica y sociocultural sin igual en las últimas décadas. Tampoco lo era que pudiera llegar a modificar nuestros hábitos de consumo, el modo en que lo hacemos y la manera en que pagamos.

Ante la posibilidad de que el uso de efectivo sea un medio de transmisión del COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere a todas las personas que paguen con tarjeta y, más concretamente, con tecnología contactless, con el objetivo de disminuir el riesgo de propagación del coronavirus.

En consecuencia, países como Colombia se están viendo obligados a reconsiderar su dependencia del efectivo e impulsar iniciativas relacionadas con los pagos electrónicos que propicien el avance hacia una sociedad cashless. Un esfuerzo que se suma al objetivo existente de las diferentes entidades y reguladores por reducir el uso de este medio y que existe en buena parte de los países de la región de Latinoamérica, según Minsait Payments, la empresa que agrupa todos los productos, soluciones y servicios de medios de pago de Minsait

Y es que, de acuerdo con el IX Informe de Tendencias en Medios de Pago de Minsait Payments, relativo a 2019, el efectivo sigue siendo el medio de pago principal en Latinoamérica, aun así, crece cada vez más el uso de los medios de pago electrónicos sin contacto, así como las tarjetas contactless o el pago móvil. Un comportamiento que presenta diferencias muy notables a nivel doméstico como resultado de las condiciones del mercado, la regulación y las preferencias de los agentes en cada uno de sus países.

Asimismo, a la espera de los resultados que den las estadísticas oficiales, todo apunta a que las compras en comercio físico se trasladarán en cierta medida al online minimizando el impacto del COVID-19, donde la seguridad frente al contagio es clave en todo esto.

Teniendo en cuenta que el smartphone es el dispositivo por excelencia en la compra online en Latinoamérica, donde por cierto el pago desde cuenta (como PSE) está comenzando a ser utilizado como alternativa a la tarjeta (medio de pago más habitual), sumado al imparable crecimiento del e-commerce, hacen que esta suposición no esté muy alejada de la realidad.

Por otra parte, también veremos cómo se ven alterados los patrones de compra, concentrándose el gasto medio en bienes de primera necesidad como la alimentación o los productos farmacéuticos. La desinformación junto con la cada vez mayor preocupación por parte de los consumidores juega un papel fundamental a la hora de generar pánico y propiciar en su defecto las compras impulsivas, especialmente en lo que se refiere a bienes de primera necesidad. Paralelamente, se aprecia una reducción drástica del gasto medio en las categorías de transporte, combustible y restaurantes, y de man1ra muy especial cuando los gobiernos comienzan a decretar el confinamiento de la población. Así se evidencia en el gráfico elaborado por el startup especializada en servicios de agregación de información Afterbanks, de Minsait Payments. 


Acentuación de la tendencia de menos dinero en efectivo

El interés en los últimos años de reducir los medios de pago en papel (efectivo y cheques) es indiscutible, según se recoge en el IX Informe de Tendencias en Medios de Pago de Minsait Payments. En Latinoamérica, el efectivo ha caído 4,4 puntos porcentuales en los gastos mensuales de los bancarizados internautas, siendo utilizado todavía por el 81,9% de ellos, seguido de las tarjetas (72,6%) y los pagos desde cuenta (47,8%), estos últimos con un crecimiento de 11 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

Paralelamente, los cheques han reducido su presencia en volumen y en valor en más de un 40% en los últimos años, lo que ha favorecido el trasvase de transaccionalidad a medios alternativos como las transferencias de crédito.

Mientras tanto, las tarjetas se aproximan al 80% del total de operaciones de pagos electrónicos minoristas registrados (con más de 24 mil millones de transacciones), siendo los pagos un 75% más frecuentes respecto a 2013, y un 5,3% del valor total. Un crecimiento que va asociado estrechamente a un cambio de mentalidad en el uso de la tarjeta más como un instrumento de pago que como un medio para retirar efectivo. Fenómeno que se intensifica cada año.

La tarjeta es el medio de pago principal para el 48,9% de los latinoamericanos (bancarizados internautas), desbancando al efectivo, y el 72,6% afirmó en 2019 haberlo utilizado mensualmente en comercios físicos. Y es que, a la espera de estadísticas oficiales, todo hace indicar que los consumidores están optando por utilizar otros instrumentos de pago alternativos que no lleven implícito una exposición al entorno similar a la del efectivo. Tal es el caso de la tarjeta y el pago móvil.

Precisamente, el uso del Smartphone como dispositivo de pago, tanto en comercios físicos (P2B) como entre particulares (P2P) deja de tener una presencia marginal en las transacciones mensuales de los latinoamericanos (población bancarizada), evidenciando crecimientos significativos en un corto período de tiempo. En apenas un año, las modalidades de pago en Latinoamérica revelan que el último mes el 24% de los bancarizados internautas ha utilizado el dispositivo para pagar en comercios físicos y el 9,4% ha realizado transacciones de pago entre particulares.

Pese a su crecimiento, solamente el 7% de los latinoamericanos considera el pago móvil como su medio de pago principal. La irrelevancia (26,1%) se muestra como el principal obstáculo a su uso, seguido de la desconfianza (20,9%), y la falta de aceptación (17,5%). En menor medida, también el desconocimiento (9,9%) y la falta de conectividad (9%). Todo hace indicar que el recelo a usar el dinero en efectivo ayudará a reducir estas barreras al uso y contribuirá al crecimiento que probablemente seguiremos viendo de este instrumento de pago.

En definitiva, una tendencia ya evidenciada hacia el mayor uso de medios de pago electrónicos que puede verse impulsada por esta crisis.