Administrar las distorsiones


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Se trata de una de las mayores crisis mundiales del transporte marítimo y eso sucede sin que los efectos de la pandemia hayan desaparecido, por lo que los esfuerzos para buscar soluciones deben duplicarse y evitar que las pequeñas empresas colapsen por fletes de importación y exportación.

Por: Maria Claudia Lacouture, Directora Ejecutiva de AmCham Colombia

Bogotá, 30 de noviembre (AmCham Colombia)– La emergencia mundial por la escasez de contenedores y altos precios del transporte de mercancías tienen distorsionado el mercado con sobrecostos para las materias primas, dificultades para obtener los insumos necesarios para la industria y con aumentos de hasta 70% en productos finales (80% de los bienes que consumimos se transportan vía marítima). Dificultad que requiere de una administración público-privada para navegar por las aguas turbulentas que afectan la recuperación económica y surcar los mares con los menores inconvenientes posibles.

Se trata de una de las mayores crisis mundiales del transporte marítimo y eso sucede sin que los efectos de la pandemia hayan desaparecido, por lo que los esfuerzos para buscar soluciones deben duplicarse y evitar que las pequeñas empresas colapsen por fletes de importación y exportación.

La situación obliga a redoblar el trabajo mancomunado de análisis y comunicación en toda la cadena y con las entidades de control y facilitación, ya que no existen experiencias anteriores que sirvan de referencia. Un seguimiento diario, una planeación permanente y una evaluación de los indicadores económicos serán determinantes. Demostrar una extraordinaria capacidad de adaptación y resiliencia para soluciones rápidas tomando en cuenta que tenemos encima la temporada navideña.

Es momento de escuchar a los gremios, evaluar sus propuestas y actuar, analizar la viabilidad del manejo arancelario, emitir decretos temporales que estimulen la competitividad más allá de las ventajas que ofrecen los TLC.

Y estar atentos a lo que sucede en el resto del mundo, como el uso de contenedores plegables, lo que resulta más eficiente a la hora de devolverlos vacíos a su destino.

En Costa Rica, el operador portuario estatal Japdeva ofrece trasladar carga en embarcaciones mixtas, en Chile hay empresas que han decidido no disponer de los stocks en el país, sino tener un hub de distribución a nivel mundial y tener una cadena logística por vía aérea que les permite llevar el producto en 48 o 72 horas al punto de destino.

En Brasil, entre otras medidas, se ordenó la revisión de los procedimientos aduaneros y la puesta en marcha de los servicios de la plataforma electrónica y la operatividad 24 horas en puertos. En Europa y Estados Unidos se han monitoreado de cerca las tarifas de los fletes y gestionado la capacidad de respuesta de los transportistas.

En EE.UU. otra de las medidas adoptadas ha sido el financiamiento para desahogar los puertos. Habría que identificar el estado de salida y llegada de la proveeduría y trabajar en acciones que permitan cubrir los espacios que la demora de contenedores está presentando.

Las recomendaciones de la CAF plantean una agenda que incluya reducción de aranceles, disminución de costos aduaneros, provisión de infraestructura de transporte necesaria para la integración física de países y regulaciones domésticas y regionales que impulsen integración productiva entre las economías, con la participación de las empresas en cadenas de valor.

No hay previsiones claras que permitan saber cómo evolucionará la situación y eso obliga a que aprovechemos para revisar todo el sistema nacional de comercio exterior y establecer políticas para administrar las distorsiones y lograr una comunicación público privada bien afinada. Es momento de actuar y debe ser un esfuerzo de todos.

Publicado en La República, aquí