De reactivación al salvamento



Las acciones y decisiones que ha tomado el Gobierno hasta el momento para que la mayor parte del tejido empresarial se mantenga a flote han sido acertadas, pero es hora de pasar de los primeros auxilios a estrategias de profundidad que permitan detener, en algún momento, ojalá no muy lejano, la caída de los indicadores.


Por: Maria Claudia Lacouture, Directora Ejecutiva de AmCham Colombia

Julio 28 del 2020 (AmCham Colombia) – Seamos claros: la factura económica para mitigar el impacto de la pandemia saldrá más costosa de lo que cualquier analista pueda imaginarse. Estamos ya sobre diagnosticados en cómo serán los resultados al cierre del año y cada día escuchamos más historias de cómo una u otra empresa hace malabares para subsistir y evitar la insolvencia.

Por eso a lo que nos enfrentamos es más a un proceso de salvamento de las empresas, que son el motor de desarrollo del país y las que materializarán la reactivación económica que beneficiará a los colombianos. Sin duda las acciones y decisiones que ha tomado el Gobierno hasta el momento para que la mayor parte del tejido empresarial se mantenga a flote han sido acertadas, pero es hora de pasar de los primeros auxilios a estrategias de profundidad que permitan detener, en algún momento, ojalá no muy lejano, la caída de los indicadores.


Hay que comenzar con la reactivación gradual. De acuerdo con el Dane, en mayo 46,5% de las empresas operaron normalmente, menos de la mitad y con interrupciones en julio por las cuarentenas parciales establecidas en lugares como Bogotá, que seguro bajará el porcentaje. La medicina que las empresas necesitan con urgencia se llama liquidez, que va más allá de los créditos anunciados, y las medidas sobre impuestos y parafiscales que se han otorgado para aguantar, sin embargo, el oxígeno se acaba. Se requiere que puedan abrir y operar.

En Colombia tenemos 1.929.805 empresas, de las cuales 94% son microempresas, 6% Pyme y 0,4% grandes, cada una de ellas pensando no sólo en poder comenzar a trabajar y, cuando lo hagan, ¿a quién le venderán? Los mercados y los productos tendrán nuevos desafíos.

De acuerdo a las directrices recibidas, todas las empresas han hecho un esfuerzo enorme para incorporar medidas de bioseguridad y están listas para producir sin descuidar la salud y salir adelante sin más demoras.

Muchas compañías se han reinventado para salir al paso de la crisis, aunque los mensajes cruzados impiden avanzar en ese camino. ¿Cómo es posible que ni siquiera iniciativas como la del cine al aire libre puedan hacerse? ¿Y cómo es posible que no se pueda hacer turismo en áreas al aire libre, en lugares cercanos, ayudar en lo mínimo a la pequeña economía local? Debe ser posible hacerlo, siempre con el debido cuidado y siguiendo las normas y aprobaciones de los protocolos, y sin exponer innecesariamente a las personas, entre quienes debemos promover con constancia la cultura del autocuidado porque tenemos que aprender a convivir con la pandemia y salir de la parálisis.

Las empresas han dado una gran cuota de sacrificio para sostenerse y mantener a los empleados, las Pyme están con el agua al cuello, tienen serios problemas para cumplir con sus obligaciones salariales y financieras. La mejor manera de tenderles la mano es dejándolas trabajar, permitir su reapertura gradual y responsable, guiarlas en el proceso de reinvención y aprovechamiento de oportunidades como la internacionalización y complementarlo con alivios tributarios, créditos baratos y estímulo a la competitividad con menos barreras, reformas apropiadas en lo laboral como el fomento al trabajo remoto y una adecuada coordinación de políticas con las regiones para que haya fluidez en el proceso.

Salir adelante depende de la rapidez y la sensatez de todos y eso va de la mano con el salvamento a nuestras empresas.

Publicado en La República, disponible aquí