Ni nos damos cuenta



La inactividad turística afecta desde la manufactura hasta los bienes raíces, restaurantes o servicios financieros y su recuperación será lenta el panorama se pone cada día más oscuro.


Por: Maria Claudia Lacouture, Directora Ejecutiva de AmCham Colombia

Agosto 11 del 2020 (AmCham Colombia) – No nos hemos dado cuenta -o no queremos darnos cuenta- que al mantener el turismo sin posibilidad de reactivarse le estamos llevando hacia el colapso; también a otros sectores que conviven con él, ya que una de sus principales virtudes es la capacidad que tiene de irrigar diferentes frentes económicos y absorber buena parte del empleo y la informalidad nacional.

Además de que representa más de 10% de la producción económica mundial, la inactividad turística afecta desde la manufactura hasta los bienes raíces, restaurantes o servicios financieros, por citar algunos. Y como su recuperación será lenta el panorama se pone cada día más oscuro.

Un reciente artículo del Financial Times afirma que incluso se corre el riesgo de desencadenar una serie de insolvencias corporativas y una fuerte recesión, y que Estados Unidos, que acaba de registrar la contracción más aguda de la posguerra en el segundo trimestre, probablemente estará en el centro de una tormenta económica de implicaciones mundiales.

Las aerolíneas calculan que el tráfico aéreo caerá 60% en 2020, con los principales fabricantes de aviones recibiendo avalanchas de cancelaciones y ejerciendo presión sobre las cadenas de suministro de fabricación en todo el mundo.

Según una investigación de Oxford Economics, la industria de viajes y turismo tardará cinco años en volver a la “normalidad” y que esa “normalidad” será diferente a 2019. Los cierres de fronteras, la renuencia constante a viajar internacionalmente y los efectos residuales de la recesión económica global pesarán mucho durante los próximos años.

Para el creciente número de negocios y personas que dependen del turismo global, la pregunta no es cuándo va a terminar la pandemia, sino cómo y quién sobrevivirá. No se despejan los temores en ninguna parte, aunque en casi todos los lugares hacen esfuerzos por abrir, así sea con algunas restricciones, porque necesitamos aprender a convivir con la situación como parte de la solución para evitar un mal mayor.

La crisis también está afectando a la economía colaborativa. Brian Chesky, director ejecutivo de Airbnb, que despidió a 25% de su fuerza laboral en mayo, dice que los viajes masivos transfronterizos tal vez nunca vuelvan a los niveles previos a la pandemia.

Si en países como Estados Unidos, que ha mantenido cierto dinamismo, se espera que las visitas internacionales disminuyan en 50 millones, con una reducción del gasto de 75% este año y una proyección de cinco años para volver a los niveles de 2019 ¿qué panorama tendremos nosotros que apenas si nos hemos preocupado por darle oxígeno financiero a los empresarios sin una visión de futuro?

Ni hemos podido ni tomarnos un descanso al aire libre de fin de semana y así, como vamos, tardaremos meses en ver al primer turista con ánimos de recorrer el país. Este año seguramente ya no será y, si no hacemos algo urgente, el próximo tampoco.

Todo tardará más tiempo en revivir. Además de las inversiones para garantizar la bioseguridad y los espacios adecuados, cada semana implica altos gastos y grandes pérdidas para aquellos que luchan por ponerse a salvo. Pareciera que ni nos damos cuenta del impacto que ya está teniendo el cierre del turismo y la implicación en más de 37 sectores complementarios que será difícil de recuperar.

Publicado en La República, disponible aquí