¿Qué quieren los jóvenes?




Son jóvenes que crecieron en un país mejor al que nos tocó a las anteriores generaciones, una nación que logró avanzar de forma importante, pero para ellos es algo distante y no perciben lo que ha tocado vivir para llegar a donde estamos hoy.

Por: Maria Claudia Lacouture, Directora Ejecutiva de AmCham Colombia

Bogotá, junio 08 del 2021 (AmCham Colombia).– La Veeduría Distrital de Bogotá publica una interesante encuesta sobre quiénes son los jóvenes que protestan en la capital. No es una muestra que caracterice a todo el país, pero tiene unos mensajes reveladores que ciertamente pueden representar el sentir de quienes protestan en todas partes y reflejan la esencia de los reclamos: educación de calidad y oportunidades de empleo.

Identifica tres perfiles de manifestantes: (1) los pacíficos, alegres, recargados de simbolismos, de expresiones culturales, que son la mayoría, (2) luego aparece una minoría más radical, provocadores, con tendencia al vandalismo y a los bloqueos y (3) los infiltrados que cometen hechos delictivos para sus propios fines y deslegitiman las protestas.

Llama la atención la altísima presencia femenina. Los manifestantes encuestados provienen en su gran mayoría de barrios populosos del sur y del occidente de la ciudad, de los cuales el 63% estudia, el 26% estudia y trabaja y el 33% está desempleado. Este resultado contradice la percepción de que se trata de manifestantes “ni-ni”, que ni estudian ni trabajan, señala el informe.

Y un dato interesante: 92,6% piensa votar en las próximas elecciones.

¿Los reclamos? Se podrían resumir en falta de acceso en general. Acceso a oportunidades laborales (independientemente del nivel académico o experiencia), acceso a una buena educación, acceso a tener interlocutores que escuchen sus opiniones, a que se respeten sus derechos, acceso a seguridad en las calles, acceso a la salud de calidad, acceso a reformas justas.

Son jóvenes que crecieron en un país mejor al que nos tocó a las anteriores generaciones, una nación que logró avanzar de forma importante, pero para ellos es algo distante y no perciben lo que ha tocado vivir para llegar a donde estamos hoy

Sucedió en Chile, el país latinoamericano con los mejores índices económicos de América Latina y donde el simple aumento de tarifas de transporte desató una furia generalizada que no se detuvo ni siquiera con su derogación y que hoy tiene al país en la antesala de una Convención Constituyente producto de la escalada reivindicatoria. Colombia tiene una Constitución joven y moderna, lo que necesita es cumplirla con todo rigor.

Definitivamente, sí necesitamos un ‘contrato social’, como lo denonima el rector de la Uniandes, Alejandro Gaviria. Un contrato social que garantice una vida más saludable, productiva, con oportunidades de estudio y trabajo para todos los colombianos.

Los estudios académicos y todos los análisis publicados coinciden en señalar que debe producirse una acción conjunta a gran escala, en la que el Legislativo, el Ejecutivo, el Poder Judicial e incluso los medios de comunicación se constituyan en portavoces de esas reivindicaciones.

El país debe congregarse en torno a crear certezas y certidumbres, su clase dirigente, sus empresarios, los líderes sociales, los gremios, los sindicatos y la academia deben contribuir a generar confianza y sumarse a las iniciativas.

Mal haríamos en seguir prometiendo hojas de ruta con cientos de iniciativas si no se cumplen. El ejemplo, el compromiso y el cumplimiento son las mejores rutas para lograr ese contrato social que tanto necesitamos.

Hacerlo rápido, bien y con propuestas ejecutables en el inmediato, corto plazo evitará que la paralización se mantenga de manera indefinida.

Publicado en La República, disponible aquí