Teletrabajo



El teletrabajo ha mostrado que el ser humano requiere de mucha interacción, que el espacio de las oficinas va más allá de la función laboral, que es también un mecanismo de relacionamiento, de generación de amistades, de soporte para el desarrollo personal y social.


Por: Maria Claudia Lacouture, Directora Ejecutiva de AmCham Colombia

Abril 06 de marzo del 2020  (AmCham Colombia) -. Cuando regresemos a la actividad normal, una vez haya pasado la pandemia, tendremos infinitas enseñanzas personales y una enciclopedia de buenas prácticas. El teletrabajo, por ejemplo, ha permitido acercar a las personas, articular el trabajo, mantenernos actualizados y responder de inmediato a los requerimientos de nuestros afiliados.

Las herramientas tecnológicas nos han abierto la posibilidad de realizar conversatorios con autoridades de forma eficiente, y con un número importante de empresarios, incluso hemos llegado a tener hasta más de 250 empresas en una videoconferencia.

El teletrabajo ha mostrado que el ser humano requiere de mucha interacción, que el espacio de las oficinas va más allá de la función laboral, que es también un mecanismo de relacionamiento, de generación de amistades, de soporte para el desarrollo personal y social.


En una de las conferencias de nuestro grupo de trabajo, una ejecutiva manifestó que el aislamiento le ha enseñado a extrañar la oficina, la calidad humana de las personas, lo agradable de compartir y trabajar rodeada de compañeros que se comentan las cosas, bromean, comen juntos y se divierten.

El Covid-19 me ha confirmado que el teletrabajo es más que una opción complementaria y que las nuevas generaciones están preparadas para el mejor uso de la tecnología, de las posibilidades digitales, aunque también se debe reconocer que falta un largo camino por andar en ese sentido, aprender sobre responsabilidad y cumplimiento, sobre disciplina, calidad y entregables.

En Amcham contamos con las plataformas necesarias para mantener nuestros servicios durante la crisis sanitaria, atender debidamente a nuestros afiliados, con reuniones de trabajo, conversatorios con autoridades, conferencias, foros e incluso ruedas de negocios. Nuestro propósito es contribuir en lo posible a que el sistema no se debilite, que no se altere el ánimo ni la esperanza ni el entusiasmo por vencer los obstáculos que se nos pusieron por delante.

En nuestras reuniones virtuales es más frecuente de lo que imaginé el comentario de que el trabajo y la productividad han estado igual o mejores desde el teletrabajo porque hay funciones claras, tareas permanentes y entregables puntuales. Por supuesto, se necesita de un compromiso personal y del liderazgo de los jefes para que funcione como debe ser.

Las dificultades se relacionan más con el encierro que con el trabajo. Mientras un gerente nos hacía sus reportes de rutina, su hijo de ocho años le jalaba el brazo para pedirle que le ayudara con una tarea y su hija de diez se quejaba del Internet y del aburrimiento.

Otro gerente comentó que en la soledad de su confinamiento mantiene una rutina rigurosa, con una agenda predeterminada, permanentes entrevistas, organiza foros y está en constante articulación con los afiliados que requieren de servicios o necesitan alguna gestión. Y eso lo alterna con la cocina y el ejercicio.

Tal vez los que más desafíos han tenido son los del área comercial, porque en tiempos de dificultades hay recortes, pero gracias al permanente seguimiento, al soporte eficiente y efectivo, a la voluntad de servicio, hemos mantenido casi intacto el número de nuestros afiliados e incluso con perspectivas de mejorar.

Pues bien, estamos todos viviendo una experiencia nueva, histórica e inolvidable. De estos tiempos nos llevaremos grandes experiencias y en parte gracias a la posibilidad de tener las herramientas para el teletrabajo.

Publicado en La República, disponible aquí