Biden, una esperanza para la resurrección de la alianza transatlántica



Trump ha llevado la trascendental relación con Europa a mínimos, el demócrata cambiaría eso.

Bogotá, 25 de agosto de 2020 (El Tiempo).- En su discurso de apertura en la reunión anual del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por su sigla en inglés), el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas, dijo que más allá del resultado de la elección presidencial de Estados Unidos en noviembre, los europeos “tendrán que pensar en cómo contener mejor los conflictos en la vecindad de Europa, aun sin Estados Unidos”. Su punto de vista es popular. Muchos expertos europeos creen que las relaciones entre Washington y la Unión Europea no cambiarían significativamente si un demócrata reemplazara a Donald Trump.

Un presidente demócrata, sostiene el argumento, seguiría siendo proteccionista en materia de comercio, simpatizaría con los supuestos instintos aislacionistas del pueblo estadounidense y mostraría la misma falta de entusiasmo por firmar cheques para defender a Europa. Esta descripción se aplicó inicialmente a los senadores Elizabeth Warren, de Massachusetts, y Bernie Sanders, de Vermont, a pesar de su fuerte respaldo de la cooperación internacional y los derechos humanos. Y ahora se ha extendido a Joe Biden.

Pero la idea de que Biden no produciría ningún cambio real en la política estadounidense hacia Europa es poco creíble. Biden siempre ha sido un transatlanticista férreo y, en el curso de su carrera política de varias décadas, ha forjado relaciones estrechas con líderes europeos claves, entre ellos la canciller alemana Angela Merkel. Y como vicepresidente, de 2009 a 2017, Biden siempre estuvo dispuesto a ofrecer diplomacia personal cuando Barack Obama no lo estaba.

Regreso al multilateralismo

Si bien los expertos europeos tienen razón de dudar de que la vieja alianza transatlántica regrese fácilmente a su estado pre-Trump, están subestimando lo que una victoria de Biden significaría para la política exterior estadounidense. El Partido Demócrata sigue siendo un partido de valores y una administración Biden buscaría un restablecimiento del compromiso histórico de EE. UU. con un liderazgo responsable en el escenario mundial.

Mientras que Trump ha pasado su tiempo en el poder iniciando peleas con Europa por el cambio climático, el comercio y los derechos humanos, Biden volvería a llevar a Estados Unidos a la mesa diplomática. Estados Unidos se sumaría nuevamente al acuerdo climático de París, buscaría firmar nuevos tratados comerciales y participaría en esfuerzos cooperativos para garantizar que la innovación tecnológica cumpla con los estándares de derechos humanos.

En la Unión Europea, la imagen de EE. UU. está en un mínimo histórico, gracias a Trump y sus decisiones sobre la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones multilaterales. Y uno de los primeros objetivos de política exterior de Biden seguramente será rectificar esto.

Con Biden en la Casa Blanca, empresas de telecomunicaciones europeas como Nokia y Ericsson serían reconocidas y respaldadas como paladines del 5G de la alianza transatlántica, y Estados Unidos ayudaría a Europa a reducir su dependencia del gas ruso en su avance hacia una transición a energía limpia. Una administración Biden también reconocería la sensatez de negociar una renovación del tratado de armas nucleares New Start con Rusia cuando expire en 2021. Y buscaría otras formas de control de armas para defender los intereses de seguridad de Europa y EE. UU. e impedir una nueva carrera armamentista. Una administración Biden cumpliría su parte en cualquier trato y sería un socio de fiar. La única pregunta es si Europa también estaría dispuesta a tomar las decisiones difíciles que hacen falta para revitalizar la alianza.

Trump le ha permitido a Europa evitar esas decisiones, porque su comportamiento extravagante ha distraído la atención de cosas importantes. Por ejemplo, con todas las miradas depositadas en el conflicto cada vez más intenso entre China y EE. UU., la UE se ha inclinado más por China. A comienzos de junio, Josep Borrell, el alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, declaró que Europa no considera a China una amenaza militar. Y mientras los líderes políticos de Estados Unidos de ambos partidos han condenado enérgicamente la imposición de China de una nueva ley de seguridad en Hong Kong, la reacción de la UE ha sido relativamente mansa.

No olvidemos que la UE es el principal bloque comercial del mundo, es decir, con el suficiente poder para ayudar a promover un sistema multilateral basado en reglas. Pero para hacerlo tendrá que gastar capital político y diplomático.

Lo mismo es válido para otras cuestiones más cercanas a casa. Europa tiene mucho que ganar si trabaja estrechamente con Estados Unidos para fortalecer la independencia y resiliencia de Ucrania frente a la agresión del Kremlin, básicamente defendiendo el régimen de sanciones recientemente renovado contra Rusia. A la UE también le interesa dar vía libre al acceso de los países de los Balcanes Occidentales y poner fin al obstruccionismo que desde hace mucho tiempo beneficia a Rusia, China, Turquía y otras potencias. Y en eso EE. UU. podría ayudar.

Perseguir cualquiera de estos objetivos exigiría que la UE pusiera sus valores por encima de la conveniencia política y diplomática, pero si lo hiciera, estaría demostrándole al pueblo estadounidense que Europa no es el continente aprovechador que Trump quiso hacer ver, sino un socio seguro y confiable.

Sin duda, un restablecimiento de la relación transatlántica también exigiría que EE. UU. defendiera los derechos humanos y la democracia, lo que implicaría, por ejemplo, adoptar una línea más dura frente al actual gobierno turco. Afortunadamente, esto no debería ser difícil. Los sondeos de la National Security Action han demostrado que a la mayoría de los estadounidenses les preocupa la mala gestión por parte de Trump de las relaciones con otros países y preferirían ver que su gobierno defendiera los valores profesados de EE. UU., derechos humanos incluidos.

En los últimos años, las diatribas de Trump contra la alianza transatlántica le han dado a Europa todos los motivos para volverse hacia adentro y erigir barreras. Pero los datos de las encuestas del ECFR demuestran que muchos de esos europeos que hoy respaldan el proteccionismo son exdefensores desencantados de la alianza transatlántica. Con un cambio en el liderazgo estadounidense y una estrategia más cálida desde Washington, su desencanto podría ceder. Las relaciones y las alianzas tienen que ver con la percepción tanto como con cualquier otra cosa.

Publicado en El Tiempo, disponible aquí