El agitado primer mes de Joe Biden




Al menos ha firmado 55 decretos, muchos de ellos para corregir medidas de Trump. 

Bogotá, 23 de febrero de 2021 (El Tiempo).- El presidente Joe Biden cumplió ayer su primer mes al frente de la Casa Blanca. Un mes en el que ha enfocado todas sus energías en tres áreas que constituyen el corazón de sus promesas durante la campaña y que sin duda marcarán el éxito o fracaso de su plan de gobierno, al menos en el corto plazo: coronavirus, inmigración y medio ambiente.

En gran parte, el nuevo presidente ha utilizado el enorme poder de las órdenes ejecutivas para avanzar su agenda. Hasta la fecha, Biden ha firmado al menos 55 de ellas. Muchas se han concentrado en revertir políticas que fueron establecidas durante la administración Trump. Pero hay otras que van mucho más allá y se enmarcan en la visión de país que quiere desarrollar en estos años de asiento en la Oficina Oval.

Sin duda, su tema prioritario en estas semanas ha sido enfrentar la pandemia, la terrible enfermedad que ya ha dejado casi medio millón de muertes y al país en una crisis económica con pocos antecedentes. Biden arrancó su gestión con un mandato para el uso obligatorio de tapabocas en espacios de jurisdicción federal y otra serie de medidas para frenar la propagación del covid.

No está claro si fue por ellas, pero desde que llegó a la Casa Blanca las infecciones se han reducido de manera dramática (de 200.000 casos diarios a 50.000), al igual que las cifras de hospitalizaciones y muertes, que también vienen en caída.

Paralelamente, el otro eje central ha sido el de la vacunación. Aunque se han presentado algunos problemas con las cadenas de distribución, las noticias son buenas.

Biden había prometido administrar al menos 100 millones de dosis en sus primeros 100 días de gobierno. A la fecha van 54 millones de vacunados (con una primera dosis) y el promedio diario de esta semana fue de 1,7 millones por jornada. Es decir, si se mantiene esa marcha, el presidente podría llegar a su meta en solo 60 días.

De hecho, las autoridades sostienen que de aquí a noviembre, EE. UU. podría haber alcanzado una inmunidad de manada del 80 por ciento. Suficiente para pensar en un retorno a la normalidad.

Biden, por otro lado, sigue empujando para que el Congreso apruebe su plan de estímulo económico de US$ 1,9 millones, que está enfocado en la recuperación del aparato productivo y otras medidas que buscan frenar el avance de la pandemia y mejorar los servicios de salud.

Pero, de momento, el plan ha sido frenado por los republicanos del Congreso, que consideran muy alto el monto solicitado. El presidente cuenta con los votos para forzar la medida, pero eso rompería de inmediato con el espíritu de colaboración bipartidista que prometió.

El otro frente en el que ha estado muy activo es en el migratorio. Primero, anulando de un tajo las medidas más polémicas de Donald Trump. Entre ellas, el veto al ingreso de musulmanes de ciertos países.

Frenó la construcción del muro en la frontera con México y le apuesta a la reunificación de familias separadas en puntos de entrada y a parar la deportación de los dreamers, personas que llegaron ilegalmente a EE. UU. siendo muy jóvenes. De momento, Biden no ha tocado las restricciones que puso Trump sobre visas de trabajo y otras como consecuencia del covid-19.

Pero la piedra angular de su política migratoria es un proyecto de ley que aterrizó este jueves en el Congreso y busca regularizar la situación de los 11 millones de indocumentados que aún existen en el país.

La iniciativa prevé que los ilegales puedan solicitar un estatus legal temporal que les permitiría trabajar y a los cinco años solicitar una green card, siempre y cuando pasen verificaciones de antecedentes penales y pago de impuestos.

En el caso de los dreamers, podrían aspirar al green card de inmediato y a la ciudadanía dentro de 3 años. También incluye otras medidas para reunificar familias y cuotas para refugiados.

Pero el futuro de la ley es aún incierto.Es la primera vez en ocho años que se considera una reforma migratoria de este calado, y la oposición republicana será grande. Ya, de hecho, senadores como Marco Rubio la han tildado como una ley de amnistía y Biden corre el riesgo de que se convierta en el caballito de batalla de la oposición para las elecciones del 2022 y 2024.

Aun así, al parecer está dispuesto a gastarse en ella todo el capital político que suelen tener los presidentes en sus primeros meses de gobierno y cuentan con mayorías tanto en Cámara como en Senado.

Por otro lado, el presidente ha comenzado a ejecutar una ambiciosa agenda ambiental que arrancó con el reintegro de EE. UU. al Acuerdo sobre el Cambio Climático de París.

Así mismo, insiste en que su objetivo central es implementar políticas que conduzcan a emisiones netas de carbono cero para antes del 2050.Pero para avanzar en ese camino, las órdenes ejecutivas no son suficientes y, por lo tanto, tendrá que negociar con un Congreso donde los republicanos tienen casi la mitad de las curules.

Lo que sí va lento es el proceso de confirmación de sus funcionarios. A la fecha, solo siete, entre 23, han podido pasar el examen del Senado, que puso muchas en remojo mientras avanzaba en el juicio de destitución contra Trump.

Aunque el énfasis de Biden ha estado en la agenda interna, en este primer mes ya tuvo que enfrentar su primera crisis internacional tras el golpe militar en Birmania. De momento, el presidente se ha limitado a sanciones directas contra los militares golpistas. Un tema delicado que probablemente desembocará en tensiones con China.

Si bien Biden apenas arranca y sus retos son formidables, los estadounidenses parecen estar a gusto con su desempeño hasta el momento. De acuerdo con el promedio de encuestas del portal 538, un 54 por ciento del país aprueba su gestión. Un número que Trump jamás alcanzó en sus cuatro años de reinado en la Casa Blanca.

Publicado en El Tiempo, disponible aquí