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La educación no puede ser sacrificada por el COVID



Conforme pasan los meses se hace evidente que el retorno a clases se debe dar para alivio no solo de un sector en extremo golpeado que involucra no solo a los estudiantes, sino también a miles de docentes y padres de familia.

Si bien la pandemia apresuro cambios que hace mucho eran esperados como la tele educación y el tele trabajo, la realidad es que en un país con un alto componente de informalidad en su economía estos modelos simplemente se quedan cortos a la hora de brindar soluciones reales, lo que es especialmente cierto entre los sectores más vulnerables de la población.

Han transcurrido seis meses y parece que han sido seis años académicos. Para nadie es un secreto que algunos sectores de la economía han sufrido más que otros en medio de esta crisis sin precedentes, las perspectivas dan mucho que pensar, ya que es probable que la crisis deje cicatrices difíciles de borrar y que plantee complejos desafíos en especial en sectores que aún no logran su reactivación como la educación presencial.

Muchos entes educativos trataron de replicar el mismo horario de clases presencial a un modelo 100% sincrónico (es decir con profesores conectados en línea). Este modelo sincrónico compite por los recursos del hogar como el ancho de banda de internet. Por ejemplo, padres y estudiantes se tenían que conectar a la misma hora al trabajo y al colegio. Este modelo también asumía que los miembros de la familia tienen la infraestructura tecnológica, es decir, un dispositivo para cada estudiante y para los padres, cuando en realidad en muchos hogares estos dispositivos son compartidos o inexistentes como es el caso de la población con más bajos recursos.  

A esto hay que sumarle que, con la suspensión de clases por el coronavirus, en las comunidades más pobres también se vio interrumpida la entrega de los refrigerios que hacen parte del Programa de Alimentación Escolar (PAE) causando un gran impacto en la economía de los hogares, algo que tampoco re puede remplazar desde la virtualidad.

Conforme pasan los meses se hace evidente que el retorno a clases se debe dar para alivio no solo de un sector en extremo golpeado que involucra no solo a los estudiantes, sino también a miles de docentes y padres de familia.

Ante esta problemática American School Way, miembro del sector educativo en Colombia ha decidido apoyar a 150 colegios ubicados en sectores de alta vulnerabilidad social Soacha y Ciudad Bolívar, mediante un programa de regreso a clases, dotándolos con los elementos de bioseguridad de altísima calidad asi como de entrenamiento apropiado para el uso de los tapabocas y otras herramientas de prevención para que puedan hacer frente a tan ambicioso reto. La iniciativa busca que más empresas en el marco de la responsabilidad social empresarial se unan a esta campaña y se demuestre que en un país lleno de retos y contradicciones, el apostarle a la educación pueda marcar la diferencia. El anuncio se realizara en conjunto en rueda de prensa antes los más prestigiosos medios de comunicación del país.  Para más información de este programa escribir a [email protected]