Responsabilidad Social Corporativa 4.0 basada en el sentido de comunidad



La responsabilidad social empresarial (RSE) se ha convertido en un creciente y revolucionario camino que ha permitido a las compañías lograr un equilibrio entre sus expectativas económicas y una sostenibilidad socio-ambiental, lo que lleva a generar un profundo impacto en la economía actual.

Por: Sandra Camacho, socia de Impuestos de Baker Tilly.

En la RSE son muy importantes los ecosistemas empresariales bien definidos, los cuales se materializan con un conjunto de personas con vínculos profesionales fuertes, comprometidas entre sí y capaces de asumir que, todo lo que pase dentro del ecosistema, para bien o para mal, tiene una consecuencia para todos. En pocas palabras, deben tener sentido de comunidad.

 

En la última década, muchos han sido los desarrollos con respecto al sentido de comunidad. Uno de los más destacados estudiosos de este tema es David McMillan, quien ha estado trabajando sobre la teoría del sentido de comunidad, durante más de 30 años, y en ella expone cuatro elementos que la sustentan.

 

El primero de ellos es el sentido de pertenencia, entendido como el principio que permite tener la satisfacción de sentirse parte integrante de un grupo. Este elemento es esencial para construir la identidad de una organización y lograr que el propósito de esta pueda ser multiplicador en el tiempo. Permite, además, fortalecer valores y fomentar el crecimiento, el convencimiento y la búsqueda de un bienestar común.

 

El segundo elemento es la gobernabilidad, cuyo núcleo parte de la creación de confianza. Las personas deben saber qué pueden esperar unas de otras en sus relaciones organizacionales y, para ello, los acuerdos de la organización son esenciales, ya que prevén las bases mínimas de un comportamiento adecuado. En este sentido, las nuevas generaciones tienen un mayor grado de exigencia, ya que sus expectativas muchas veces son fundadas bajo estos preceptos sobre los cuales suelen ser vigilantes diarios; por lo tanto, como organizaciones no podemos bajar la guardia.

 

El tercer elemento es el aporte en medio de las diferencias. Para desarrollar un sentido de comunidad es importante entender que cada elemento en un ecosistema empresarial tiene un valor único. Por tal razón, es fundamental estar preparados para aprender de los demás, ser tolerantes y evitar que se tomen decisiones basadas en prejuicios y estereotipos que puedan impedir el desarrollo de ideas innovadoras y potencialmente exitosas. En este sentido, McMillan asegura que una comunidad no tendrá valor si sus miembros no tienen diferencias, puesto que estamos creando valor cuando somos la suma de todas nuestras diferencias.

 

El cuarto elemento apunta a las conexiones emocionales como seres humanos. A pesar de que cada vez nos sumergimos más en un mundo tecnológico, es importante crear conexiones humanas que permitan establecer un vínculo común. Buscar espacios y tiempos de alta calidad, que logren construir estas conexiones, pueden generar un impacto positivo en todos los actores de una compañía. Estas conexiones son clave para gestionar de mejor forma los desafíos, crisis y dificultades que pueden enfrentar las organizaciones.

 

De esta forma, los cuatro elementos descritos anteriormente constituyen, sin duda, una buena hoja de ruta para lograr que los ecosistemas empresariales inicien el camino que los lleve definitivamente a marcar la diferencia. Es clave entender que hoy nuestras organizaciones deben trabajar primero en su capital humano para lograr ser ejemplarizantes y enfrentar los desafíos de un mundo globalizado que cada vez demanda más responsabilidad social empresarial.

 

Las nuevas generaciones ven en los proyectos empresariales una forma de contribuirle al mundo y los principios básicos del sentido de comunidad pueden ser parte de la respuesta. Es hora de reflexionar y empezar a incluir desde la más mínima expresión empresarial, un plan de responsabilidad social coherente, eficiente y que dé paso a grandes procesos de innovación.