María Claudia Lacouture P.
Presidenta ejecutiva, Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia)
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@mclacouture
Hablar de inversión extranjera no es hablar solamente de cifras o flujos de capital. Es hablar de empresas que llegan o amplían sus operaciones, tecnología que se incorpora, proveedores que crecen, conocimiento que se transfiere y, especialmente, nuevos empleos formales.
Por eso, cuando Colombia se promueve como destino de inversión, la pregunta no debería ser únicamente cuánto capital podemos atraer, sino qué tipo de inversión necesitamos y qué debemos hacer para que las empresas decidan traer nuevos recursos, producir desde Colombia y crecer con nosotros.
Los datos muestran que tenemos una base importante. Durante el primer semestre de 2026, Colombia recibió US$8.138 millones en inversión extranjera directa, 31% más que en igual período de 2025. Cerca del 79% llegó a sectores no minero-energéticos. Sin embargo, más allá de la fotografía de un semestre, el desafío es recuperar el dinamismo y aumentar la llegada de capital fresco que permita crear y ampliar operaciones, incorporar tecnología, elevar la productividad y generar empleo.
En ese propósito, Estados Unidos tiene un papel estratégico. Entre 2012 y 2025, su inversión directa en Colombia acumuló cerca de US$41.700 millones, aproximadamente el 22% de toda la IED recibida por el país durante ese período. En 2025 representó alrededor del 30% del total y, durante el primer semestre de 2026, alcanzó US$1.759 millones.
Pero la oportunidad va mucho más allá de atraer dólares. Colombia puede convertirse en una plataforma desde la cual empresas estadounidenses y globales produzcan bienes, desarrollen tecnología y presten servicios para Estados Unidos y otros mercados.
Tenemos condiciones para consolidarnos como plataforma alimentaria, integrando producción agrícola, transformación, tecnología, logística y exportación; como socio estratégico en energía y minerales críticos; y como hub de tecnología y servicios. A ello se suman oportunidades en infraestructura, logística y manufactura avanzada, con capacidad para generar mayor valor agregado y nuevas exportaciones.
La oportunidad existe, pero convertirla en inversión depende de nosotros. La competencia internacional por el capital es intensa. Las empresas comparan mercados, talento, infraestructura, costos, estabilidad regulatoria y perspectivas de crecimiento antes de decidir dónde invertir.
La inversión no llega simplemente porque un país la necesite. Llega donde encuentra confianza, reglas claras, seguridad jurídica, condiciones para competir y una perspectiva de largo plazo.
Tampoco debemos medir el éxito exclusivamente por los recursos que ingresan. La inversión que Colombia necesita es aquella que desarrolla proveedores nacionales, incorpora conocimiento y tecnología, abre mercados, aumenta las exportaciones y crea empleo formal.
Tenemos una relación económica construida durante décadas con Estados Unidos, capacidad productiva, talento y sectores con posibilidades reales de expansión. Debemos aprovechar esos activos para atraer una nueva generación de inversiones que vea a Colombia no solamente como un mercado donde vender, sino como un país desde donde producir para el mundo.
En momentos en que necesitamos más crecimiento y oportunidades, ese debe ser nuestro objetivo: capital que llegue, pero, sobre todo, capital que se quede, crezca, produzca y genere oportunidades para los colombianos.
Septiembre 2026