Foodtech Colombiana Que Encontró En Un Proceso Ancestral La Respuesta Al Debate Sobre Si El Café Se Toma Dulce O Amargo -  AmCham Colombia
Contenido exclusivo para afiliados • Contenido exclusivo para afiliados • Contenido exclusivo para afiliados •
INGRESE AQUÍ

Foodtech colombiana que encontró en un proceso ancestral la respuesta al debate sobre si el café se toma dulce o amargo

18 de junio de 2026

La Empresa Foodtech del programa de aceleración Scale de AmCham Colombia que encontró en un proceso ancestral la respuesta al debate sobre si el café se toma dulce o amargo.

Molinillito Café Honey: bioeconomía aplicada que une ciencia, tradición y sostenibilidad

Por décadas, el café ha estado acompañado de una discusión casi cultural: ¿debe tomarse dulce o amargo?

Para millones de consumidores alrededor del mundo, el ritual del café oscila entre quienes buscan preservar las características naturales del grano y quienes prefieren suavizar su intensidad con azúcar, panela o miel.

Sin embargo, desde Ibagué, en el corazón del Tolima, una empresa colombiana de bioeconomía decidió abordar la pregunta desde una perspectiva diferente. No modificando el café ni ocultando sus características, sino recuperando un proceso ancestral para ofrecer una experiencia naturalmente más dulce y sostenible.

Así nació Molinillito Café Honey, una propuesta que combina ciencia, tradición y sostenibilidad, y que busca acercar el café de especialidad a nuevos consumidores.

Generar conciencia con ciencia

Desde sus inicios, Industrias Molinillito Foodtech ha construido una filosofía alrededor de una premisa sencilla: “Generamos conciencia con ciencia”.

Más que un eslogan, la frase resume la visión de una empresa de bioeconomía que ha dedicado sus esfuerzos a desarrollar productos con propósito capaces de generar valor económico, social y ambiental.

Su producto insignia, Molinillito Palito de Azúcar®, nació como una innovación patentada para enfrentar uno de los grandes problemas ambientales del planeta: la contaminación generada por los plásticos de un solo uso.

Posteriormente, la compañía amplió su portafolio con Molinillito de Panela® y Molinillito de Miel®, llevando alternativas más sostenibles y saludables a los consumidores.

Pero en ese recorrido encontró una nueva oportunidad.

Escuchando a sus clientes, la empresa identificó una necesidad recurrente: personas que, por razones de salud como la diabetes o simplemente por preferencias personales, buscaban disfrutar un café de especialidad sin los perfiles excesivamente amargos que caracterizan algunas variedades.

La pregunta era evidente:

¿Era posible reunir lo mejor de dos mundos: la dulzura y la especialidad?

El origen de una costumbre centenaria

Mucho antes de que existieran las cafeterías de especialidad y los métodos de extracción modernos, los caficultores colombianos ya habían encontrado su propia manera de disfrutar una taza.

En las fincas cafeteras, las largas jornadas de trabajo comenzaban y terminaban alrededor de un café endulzado con panela producida en los mismos trapiches rurales. Aquella combinación no solo aportaba energía para las faenas del campo, sino que se convirtió en una tradición transmitida durante generaciones.

Ese “café campesino” sigue siendo uno de los símbolos más auténticos de la cultura cafetera colombiana.

Incluso hoy, en muchas tiendas de café de especialidad, una gran proporción de consumidores continúa endulzando sus bebidas, muchas veces con panela, demostrando que el gusto por una taza más dulce continúa profundamente arraigado.

Fue precisamente investigando estas costumbres cuando Molinillito Foodtech encontró una respuesta que llevaba siglos acompañando a los caficultores colombianos:

El proceso Honey.

Un proceso ancestral con una historia que faltaba por contar

Paradójicamente, el proceso Honey no es una innovación reciente.

Los caficultores lo conocen desde hace generaciones y reconocen sus atributos sensoriales y ambientales. Además, es uno de los métodos de beneficio más sostenibles, ya que requiere una menor cantidad de agua en comparación con procesos tradicionales de lavado, reduciendo la generación de vertimientos y la huella ambiental.

Sin embargo, aunque el proceso era ampliamente conocido por los productores, pocas marcas habían hecho el esfuerzo de convertir ese conocimiento técnico en una historia capaz de conectar con el consumidor final.

Molinillito identificó esa oportunidad.

La compañía no pretendía reinventar el proceso Honey.

Su propósito era algo más ambicioso:

Explicar sus beneficios, contar las historias detrás de cada origen y acercar el mundo del café de especialidad a quienes prefieren una experiencia naturalmente más dulce.

¿Para qué amargo si puede ser dulce?

Así nació Molinillito Café Honey, una propuesta que reúne lo mejor de dos mundos: la dulzura y la especialidad.

Lejos de añadir saborizantes o alterar artificialmente la bebida, la empresa decidió rescatar un proceso ancestral que conserva parte de los azúcares naturales presentes en el mucílago del grano durante el beneficio.

El resultado es una taza con notas naturales a miel, panela, cacao y frutas, capaz de acercar el universo del café de especialidad a un público más amplio.

Como resume Marlio Silva Barrero, fundador de la compañía:

“No estamos inventando el proceso Honey. Los caficultores lo conocen desde hace generaciones. Lo que estamos haciendo es darle una alternativa a estos consumidores para que disfruten el mejor café del mundo y comprendan el propósito que existe detrás de cada taza”.

Y añade una frase que resume la filosofía del proyecto: “¿Para qué amargo si puede ser dulce?”

Siete historias, siete variedades y siete experiencias

El concepto desarrollado por Molinillito reúne siete cafés de especialidad proceso Honey, uno para cada día de la semana.

Cada display contiene perfiles con puntuaciones superiores a 85 puntos de la Specialty Coffee Association (SCA) y variedades de origen Tolima como: Bourbon Rosado de Santa Isabel, Castillo, Caturra Chiroso, Un Blend Villa Coffee de planadas, Papayo Ombligon, cafés que provienen de municipios y territorios emblemáticos como Ibagué, Planadas, Rovira y Santa Isabel, en zonas cercanas al Nevado del Tolima y al Nevado Santa Isabel.

Pero detrás de cada caja existe mucho más que un origen.

Existen historias de asociaciones de mujeres cafeteras, jóvenes emprendedores rurales, familias con más de cinco generaciones dedicadas al cultivo, líderes sociales y comunidades víctimas del conflicto armado que han encontrado en el café una herramienta de transformación y desarrollo.

En conjunto, el ecosistema beneficia a más de 300 familias cafeteras del Tolima.

Triple impacto desde el origen

El modelo de Molinillito Foodtech se construye sobre tres dimensiones.

Impacto ambiental

El proceso Honey reduce el consumo de agua y permite una producción más sostenible, alineada con los principios de la bioeconomía y la economía circular.

Impacto social

La iniciativa fortalece asociaciones rurales, mujeres cafeteras, jóvenes emprendedores y familias afectadas por el conflicto, generando oportunidades desde el territorio.

Impacto económico

Los cafés son tostados desde origen, están agregando valor en Colombia y permitiendo a los productores participar en mercados de mayor valor agregado.

Un ecosistema respaldado por innovación

La historia de Molinillito también es la historia del ecosistema innovador del Tolima.

La compañía ha desarrollado sus procesos junto con productores, asociaciones, emprendedores, academia e instituciones públicas y privadas, que están permitiendo desde ya llevar a las mas importantes ferias de cafés del mundo esta propuesta innovadora.

Mucho más que café

Para Molinillito Foodtech, la discusión nunca fue si el café debía tomarse dulce o amargo.

La verdadera pregunta era cómo unir tradición, ciencia y propósito para que la sostenibilidad también pudiera tomarse todos los días.

Y la respuesta llegó en una caja con siete historias, siete variedades y una sola invitación:

“¿Para qué amargo si puede ser dulce?”

Porque para esta empresa colombiana de bioeconomía, el futuro del café no consiste únicamente en producir mejores granos.

Consiste en demostrar que la innovación también puede surgir desde las montañas cafeteras del Tolima, donde ciencia, tradición y sostenibilidad se encuentran en una misma taza.