Los Discursos De Trump, Cada Vez Más Iracundos Y Confusos, Reavivan El Tema De La Edad -  AmCham Colombia
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Los discursos de Trump, cada vez más iracundos y confusos, reavivan el tema de la edad

8 de octubre de 2024

Una revisión de sus apariciones públicas en los últimos años sugiere que los discursos del expresidente de 78 años se han vuelto menos centrados, más oscuros, hostiles, largos, furiosos, soeces y cada vez más obsesionados con el pasado.

08 de octubre de 2024 (New York Times)-. El expresidente Donald Trump relató de manera vívida cómo el público en su crucial debate con la vicepresidenta Kamala Harris estaba de su parte. Excepto que no había público. El debate se celebró en una sala vacía. Nadie “se volvió loco”, como dijo Trump, porque no había nadie.

Cualquiera puede recordar mal, por supuesto. Pero el debate se había celebrado apenas una semana antes y fue un momento bastante memorable. Y no ha sido la única vez que Trump ha parecido confuso, olvidadizo, incoherente o desconectado de la realidad. De hecho, últimamente ocurre tan a menudo que ya ni siquiera llama mucho la atención.

Divaga, se repite, va de pensamiento en pensamiento, algunos de ellos difíciles de entender, otros inacabados, otros fantasiosos. Expresa afirmaciones extravagantes que parecen inventadas de la nada. Divaga por extrañas tangentes sobre el golf, los tiburones o su “hermoso” cuerpo. Disfruta de “un gran día en Luisiana” después de haber pasado el día en Georgia. Expresa su temor de que Corea del Norte “está intentando matarme”, cuando presumiblemente se refiere a Irán. El mes pasado, Trump seguía hablando como si estuviera compitiendo con el presidente Biden, cinco semanas después de que éste se retirara de la contienda electoral.

Con la retirada de Biden, Trump, a sus 78 años, se ha convertido en el candidato a la presidencia de mayor edad de la historia y si gana y termina otro mandato, sería el presidente de mayor edad de la historia, a los 82 años. Un repaso a los mítines, entrevistas, declaraciones y publicaciones en redes sociales de Trump revela signos de cambio desde que subió por primera vez al escenario político en 2015. Siempre ha sido discursivo y a menudo se ha desmarcado de la verdad, pero con el paso del tiempo sus discursos se han vuelto más oscuros, hostiles, largos, furiosos, menos centrados, más soeces y cada vez más obsesionados con el pasado.

Según un análisis informático de The New York Times, los discursos de Trump duran ahora una media de 82 minutos, frente a los 45 minutos de 2016. Proporcionalmente, utiliza un 13 por ciento más de términos categóricos, como “siempre” y “nunca”, que hace ocho años, lo que algunos expertos consideran un signo de envejecimiento.

Del mismo modo, ahora utiliza un 32 por ciento más de palabras negativas que positivas, frente al 21 por ciento en 2016, lo que puede ser otro indicador de cambio cognitivo. Y usa palabrotas un 69 por ciento más a menudo que cuando se postuló por primera vez, una tendencia que podría reflejar lo que los expertos llaman desinhibición. (Un estudio de Stat, un medio de noticias sobre atención sanitaria, arrojó resultados similares).

Trump recurre con frecuencia al pasado como marco de referencia, a menudo a los años ochenta y noventa, cuando estaba en su apogeo en los tabloides. Cita a personajes de ficción de aquella época, como Hannibal Lecter de “El silencio de los inclementes” (quería decir El silencio de los inocentes), pregunta “dónde está Johnny Carson, que vuelva Johnny” (quien murió en 2005) y rumia lo atractivo que era Cary Grant (“el hombre más guapo”). Pregunta a sus seguidores si recuerdan el aterrizaje en Nueva York de Charles Lindbergh, quien en realidad aterrizó en París y mucho antes de que naciera Trump.

Parece confundido acerca de la tecnología moderna, sugiriendo que “la mayoría de la gente no tiene ni idea de qué demonios es una aplicación de teléfono” en un país donde el 96 por ciento de la gente posee un teléfono inteligente. Si a veces parece atrapado en la década de 1990, hay momentos en los que suspira por la década de 1890, manteniendo esa década como el período idílico de la historia de Estados Unidos y a William McKinley como su presidente modelo debido a su apoyo a los aranceles.

Publicado en New York Times, disponible aquí