Edición 213 - Empoderamiento femenino y liderazgo empresarial 2026
El futuro del agro se construye todos los días y las mujeres están listas para liderarlo

Por: Bayer
“En el agro, tanto a nivel global como en Colombia, el liderazgo femenino no es una aspiración futura, sino un imperativo estratégico”, asegura María Elisa Monroy, directora de Portafolio de Crop Protection para la región del Norte de Latinoamérica en Bayer. “Lo he aprendido a lo largo de mi carrera dirigiendo equipos en Latinoamérica, desde la semilla hasta el mercado, donde la resiliencia, la innovación y la ética son tan importantes como la productividad. Las mujeres lideramos con visión de largo plazo, construimos confianza con comunidades y proveedores, y articulamos alianzas que hacen sostenible el negocio. Ese estilo de liderazgo —colaborativo, empático y orientado a resultados— es exactamente lo que el campo necesita para enfrentar los retos que hoy definen su futuro”, explica la directiva.

Desde su experiencia, considera que el sector agrícola enfrenta una triple presión: climática, económica y social. La variabilidad en las lluvias, la degradación de suelos y la pérdida de biodiversidad amenazan los rendimientos; al mismo tiempo, la volatilidad de precios de insumos y alimentos presiona los márgenes de los agricultores. A ello se suman la informalidad, el envejecimiento de la mano de obra rural y la falta de relevo generacional. En Colombia, estos desafíos se amplifican por brechas de infraestructura y acceso a financiamiento, así como por los procesos de transición hacia una ruralidad más segura e integrada. Superar esta complejidad exige un liderazgo capaz de orquestar soluciones entre productores, empresas, gobiernos, academia y sociedad civil.
La tecnología ya está reduciendo la incertidumbre y elevando la eficiencia. Nuevos modelos de IA y analítica predictiva llegan al campo con pronósticos climáticos más precisos, recomendaciones de manejo de plagas y fertilización, y optimización logística de la postcosecha. La agricultura regenerativa —que mejora la salud del suelo, captura carbono y eleva la resiliencia— se integra a las cadenas productivas con incentivos de mercado y trazabilidad digital. Además, los estándares ambientales, sociales y de gobernanza evolucionan y orientan capital hacia proyectos con impacto real. En Colombia, la diversificación hacia cultivos de mayor valor, los modelos asociativos de productores y el avance en formalización muestran que es posible crecer con sostenibilidad.
La ciencia es nuestra mejor aliada
María Elisa Monroy cree que la tarea de los líderes en el sector privado no es “ser gurús de las nuevas tecnologías”, sino asegurar que la innovación responda a problemas concretos: reducir pérdidas, anticipar riesgos, mejorar el bienestar del productor y democratizar el uso de estas innovaciones. Eso implica promover interoperabilidad, desarrollar talento rural con alfabetización digital aplicada y diseñar modelos que compartan valor. Cuando un algoritmo optimiza rutas de acopio, el productor también debe beneficiarse con menores costos y mejores precios. La IA responsable exige métricas claras, gobernanza y auditorías; el liderazgo femenino, con su énfasis en transparencia e integridad, es un aliado natural para construir confianza alrededor de estas herramientas.
Agrega que el empoderamiento no se decreta: se construye. Requiere acceso a tierra, crédito, capacitación y mercados; políticas de conciliación que permitan cuidar y emprender; y meritocracia que reconozca el desempeño. “En mi experiencia, los equipos diversos superan a los homogéneos en innovación, resolución de problemas y gestión del riesgo. Por ello, apuesto por metas medibles: porcentaje de mujeres en roles críticos del agro, financiamiento con criterios inclusivos, adopción de prácticas regenerativas y digitales, y trazabilidad que premie la producción responsable”, explica Monroy.
Finalmente, envía una invitación a líderes y formadores de opinión a ver el agro como la industria de mayor impacto transversal, una que alimenta ciudades, estabiliza economías, cuida ecosistemas y teje paz. María Elisa cree que Colombia tiene el potencial de demostrar que competitividad y equidad pueden avanzar juntas: clústeres que integran ciencia y mercado; infraestructura que conecta veredas con puertos; y políticas público‑privadas que escalan pilotos en miles de hectáreas. “Con liderazgo femenino al timón —pragmático, ético y colaborativo— el campo puede convertirse en la mayor plataforma de innovación inclusiva de nuestra región”, concluye.
El liderazgo femenino en el agro se consolida como un factor estratégico para enfrentar los retos climáticos, económicos y sociales del sector, especialmente en Colombia, al aportar una visión colaborativa, ética y orientada a resultados. La articulación entre tecnología, ciencia e innovación impulsa una producción más eficiente y sostenible, mientras que el cierre de brechas en acceso a recursos, formación y oportunidades resulta clave para fortalecer un modelo agrícola más inclusivo, competitivo y con capacidad de generar valor a largo plazo.
Marzo 2026