Edición 214 - Inteligencia artificial: el nuevo motor de la competitividad empresarial 2026
Grave error que están cometiendo las empresas con la inteligencia artificial generativa

Por: Yuliana Salamanca, socia de la práctica de Propiedad Intelectual de Baker McKenzie Colombia.
Mientras las empresas corren para incorporar inteligencia artificial en sus procesos, hay un error que se repite con preocupante frecuencia: asumir que la tecnología es neutral desde el punto de vista legal.
No lo es. De hecho, muchas compañías están implementando herramientas de inteligencia artificial sin entender que están introduciendo riesgos de propiedad intelectual más complejos —y menos visibles— que los tradicionales.
El problema no es usar inteligencia artificial. El problema es usarla sin saber qué hay detrás.
Hoy, una gran parte de los modelos de IA han sido entrenados con información disponible en internet, incluyendo contenidos protegidos por derechos de autor. Aunque este debate aún se está resolviendo en distintas jurisdicciones, las empresas que utilizan estas herramientas no están completamente aisladas de ese riesgo. En términos simples: el hecho de que una herramienta sea accesible no significa que su uso esté libre de cuestionamientos.
A esto se suma una falsa sensación de seguridad sobre los resultados generados. Muchas empresas asumen que, por haber creado contenido con inteligencia artificial, ese contenido les pertenece. Sin embargo, en la mayoría de los casos, si no hay intervención humana suficiente, no existe protección por derecho de autor. El resultado: activos que parecen valiosos, pero que en realidad no pueden protegerse ni defenderse.
Pero, ahí es donde muchas empresas se quedan a mitad de camino. Porque el verdadero error no es solo creer que todo está protegido. Es no preguntarse qué sí puede protegerse. La inteligencia artificial no elimina la propiedad intelectual. La redefine.
Los contenidos generados pueden no estar protegidos por derecho de autor, pero sí pueden formar parte de una estrategia más amplia de protección. Marcas, secretos empresariales, bases de datos, know-how e incluso la forma en que se estructuran y utilizan los outputs pueden convertirse en activos valiosos si se gestionan correctamente.
Por ejemplo, una campaña generada con IA puede no ser protegible como obra, pero sus elementos distintivos pueden registrarse como marca. Un modelo de uso interno puede no ser patentable, pero sí puede protegerse como secreto empresarial si se controla su acceso y uso. Incluso los prompts, los flujos de trabajo y la curaduría humana pueden constituir ventajas competitivas protegibles.
El problema es que muchas empresas no están haciendo ese análisis. Y en paralelo, el riesgo sigue creciendo.
La inteligencia artificial puede generar textos, imágenes o diseños que incorporan —sin advertirlo— elementos protegidos de terceros. Marcas, obras o estilos reconocibles pueden aparecer en los outputs, generando riesgos de infracción. Y cuando eso ocurre, la responsabilidad no recae en la herramienta; recae en la empresa.
Este punto es especialmente delicado en contextos publicitarios y de marca, donde el uso de IA puede derivar en inconsistencias, confusión o incluso publicidad engañosa.
Por eso, el verdadero error no es adoptar inteligencia artificial. Es hacerlo sin una estrategia legal integrada.
Las empresas que están aprovechando mejor esta tecnología no son necesariamente las que más invierten en ella, sino las que han entendido que la innovación debe ir acompañada de gobierno, control y —sobre todo— estrategia de protección.
Esto implica, entre otras cosas:
- Entender cómo funcionan y con qué se entrenan las herramientas utilizadas.
- Evaluar no solo los riesgos, sino también las oportunidades de protección.
- Definir qué activos pueden registrarse, guardarse o estructurarse como ventaja competitiva.
- Establecer reglas claras sobre el uso de IA, incluyendo herramientas autorizadas, dentro de la organización.
La inteligencia artificial no es solo una herramienta de eficiencia, es un nuevo terreno de juego para la propiedad intelectual. Y como en todo terreno nuevo, las empresas que ganan no son las que corren más rápido: son las que entienden mejor las reglas.
Abril 2026