Presidente Trump Insinua Que Ya Tomo Una Decisión Sobre Venezuela, Pero Mantiene La Ambigüedad -  AmCham Colombia
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Presidente Trump insinua que ya tomo una decisión sobre Venezuela, pero mantiene la ambigüedad

15 de noviembre de 2025

A bordo del Air Force One, el presidente Donald Trump dejó entrever que “en cierta medida” ya ha tomado una decisión sobre el curso de acción de su gobierno frente a Venezuela, aunque evitó revelar detalles concretos. Consultado por periodistas sobre si había definido una operación militar, respondió que “más o menos” tiene claro qué hacer, pero que no podía decirlo públicamente, manteniendo deliberadamente la ambigüedad. El mandatario enmarcó cualquier eventual medida en su objetivo de reducir los flujos irregulares de migrantes y drogas hacia Estados Unidos (EE. UU.) y no descartó que sus decisiones incidan en la estabilidad del gobierno del presidente Nicolás Maduro.

De acuerdo con fuentes estadounidenses citadas por la prensa, Trump recibió esta semana varios informes de alto nivel sobre opciones de operaciones militares dentro del territorio venezolano. El miércoles, un grupo reducido encabezado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, presentó escenarios al presidente. El jueves, en la Sala de Situación de la Casa Blanca, un equipo más amplio de seguridad nacional, que incluyó al secretario de Estado, Marco Rubio, revisó con Trump distintos paquetes de objetivos y modalidades de acción, desde ataques puntuales hasta medidas de mayor alcance.

Según esas mismas fuentes, sobre la mesa hay un abanico que va desde ataques a instalaciones militares o gubernamentales y a rutas de narcotráfico dentro de Venezuela, hasta operaciones más directas contra la cúpula del régimen, incluida la posibilidad de intentar sacar del poder al presidente Nicolás Maduro. También persiste la opción de no ejecutar ninguna acción adicional y mantener la estrategia actual de presión económica, política y judicial. En paralelo, se ha señalado que el presidente autorizó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) a operar dentro del país, mientras asesores del gobierno admiten ante el Congreso que aún no cuentan con una justificación jurídica sólida para ataques a objetivos terrestres, aunque trabajan en posibles argumentos legales.

El despliegue militar refuerza la percepción de que Washington busca aumentar la presión sobre Caracas. En las últimas semanas, Estados Unidos (EE. UU.) ha concentrado un importante dispositivo naval en el Caribe, en el marco de la llamada “Operación Southern Spear”. Este dispositivo incluye más de una docena de buques de guerra y alrededor de quince mil efectivos militares, con la participación del portaaviones USS Gerald R. Ford —descrito por la Marina estadounidense como su plataforma de combate más avanzada—, así como cruceros, destructores, buques de asalto anfibio, un submarino de ataque y un buque de mando de defensa aérea y antimisiles. A ello se suman al menos veinte ataques recientes contra embarcaciones acusadas de transportar drogas y el despliegue de aviones de combate F-35 en Puerto Rico, convertida en un centro logístico clave del incremento de la presencia militar en la región.

El gobierno venezolano ha respondido anunciando una “movilización masiva” de personal, armamento y equipos de sus fuerzas armadas, presentando el despliegue de Estados Unidos (EE. UU.) como una amenaza directa a su soberanía. En declaraciones desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro advirtió que una intervención militar podría abrir la puerta a lo que describió como “otra Gaza”, “un nuevo Afganistán” o “otro Vietnam”. Maduro llamó a detener “la mano insensata de quienes ordenan bombardear y llevar la guerra a Sudamérica y al Caribe”, e hizo un llamamiento expreso a evitar una escalada bélica, insistiendo en que cualquier conflicto tendría consecuencias imprevisibles para toda la región.

En Washington, asesores políticos y expertos en seguridad subrayan que un eventual cambio de régimen en Venezuela implicaría un compromiso sostenido y costoso para Estados Unidos (EE. UU.). Desde la perspectiva de la Casa Blanca, una salida de Nicolás Maduro podría permitir a Trump reivindicar haber logrado un objetivo que se le escapó a administraciones anteriores, y abrir opciones de cooperación reforzada en la lucha contra el narcotráfico y la migración irregular, así como eventuales acuerdos energéticos. Sin embargo, analistas advierten que una operación militar orientada a deponer al gobierno venezolano podría enfrentarse a una oposición fragmentada, a un sector de las fuerzas armadas dispuesto a entrar en la lógica de insurgencia y a un escenario de inestabilidad prolongada.

En el plano interno estadounidense, un compromiso militar extendido en Venezuela también podría tensionar la coalición política que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca con la promesa de evitar nuevas guerras en el extranjero. Tanto el vicepresidente JD Vance como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, son veteranos de la guerra de Irak y han expresado reservas sobre la implicación de Estados Unidos (EE. UU.) en conflictos prolongados. Voces dentro del Partido Republicano recuerdan que una parte importante del electorado no votó por una intervención sostenida en América Latina y advierten que garantizar el apoyo político y financiero a largo plazo para la oposición venezolana sería un desafío considerable. En este contexto, la ambigüedad calculada de Trump —insinuando que ya ha decidido, pero sin revelar el contenido de esa decisión— le permite mantener la presión sobre Caracas y la atención mediática, mientras sigue evaluando los costos y beneficios de cada escenario.

TRUMP JUSTIFICA ATAQUES A EMBARCACIONES SOSPECHOSAS Y CUESTIONA EFICACIA DE LA INTERDICCIÓN MARÍTIMA TRADICIONAL

El presidente Donald Trump defendió su decisión de ordenar ataques militares contra lanchas sospechosas de narcotráfico en el Pacífico y el Caribe, afirmando que la estrategia tradicional de interdicción aplicada por Estados Unidos durante tres décadas ha sido “totalmente inefectiva”. Según dijo, es necesario un cambio de enfoque para frenar el flujo de cocaína hacia territorio estadounidense.

Los pronunciamientos del mandatario contrastan con los resultados recientes de la Guardia Costera, que reportó un récord de 225 toneladas métricas de cocaína incautadas en el último año. No obstante, Trump ha respaldado un giro en la política antidrogas que ha derivado en la destrucción de 20 embarcaciones sospechosas y en la muerte de 80 personas, bajo el argumento de que los artefactos eran operados por “narco-terroristas”.

Expertos con trayectoria en la lucha antidrogas señalan que la táctica tradicional de interdicción permite capturar cargamentos, detener tripulaciones y obtener inteligencia clave sobre rutas, redes criminales y métodos de producción. Advierten que los ataques letales eliminan fuentes de información valiosa y tienen un costo operativo muy superior al valor de los cargamentos destruidos.

El secretario de Estado, Marco Rubio, respaldó la estrategia actual y sostuvo que las interdicciones no tienen efecto disuasorio porque las organizaciones criminales asumen la pérdida de una parte de sus cargamentos. Rubio subrayó que la producción y disponibilidad de cocaína se mantienen en niveles sin precedentes, lo que reduce precios y facilita el tráfico.

PRESIDENTE TRUMP DEFIENDE REBAJAS PARCIALES DE ARANCELES Y PROMETIÓ BAJAS DE PRECIOS EN ALIMENTOS

El presidente Donald Trump aseguró que la reciente reducción de ciertos aranceles, particularmente en productos agrícolas importados, busca aliviar directamente los precios de alimentos que Estados Unidos no produce y, por tanto, no requieren protección industrial.

Trump mencionó específicamente productos como tomates, bananas y café, afirmando que la eliminación o disminución de algunos gravámenes permitirá que los precios “bajen aún más” en las próximas semanas. Señaló que estos ajustes se concentran en bienes cuya producción doméstica no existe o es marginal, por lo que no afectan a la industria estadounidense.

El mandatario insistió en que su administración recibió “un país con precios por las nubes” y que, a pesar de haber bajado costos respecto a su antecesor, aún trabaja para llevarlos “mucho más abajo” y recuperar niveles previos al aumento registrado en años anteriores.

Consultado sobre si podría haber más reducciones arancelarias en el futuro, Trump lo descartó por ahora: “No creo que sea necesario”, dijo, argumentando que los ajustes aplicados son suficientes para corregir precios altos en productos como el café y que su gobierno está logrando mejoras visibles en la asequibilidad de alimentos.

BRASIL ADVIERTE QUE TARIFAS DEL 40% SIGUEN VIGENTES PARA SU CAFÉ, CARNE Y FRUTAS TROPICALES

El vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, confirmó este sábado que productos agrícolas estratégicos para la canasta exportadora brasileña hacia Estados Unidos (EE. UU.) —entre ellos el café, la carne bovina y diversas frutas tropicales— seguirán sometidos a un arancel del 40 %. El anuncio se produjo un día después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara la eliminación de una parte de los impuestos a las importaciones, al presentar la medida como un intento de aliviar la presión sobre los precios internos y estimular la producción doméstica. En la práctica, sin embargo, el alivio no se extiende a varios de los bienes más sensibles para el agronegocio brasileño.

Alckmin recordó que, en abril, Washington impuso un arancel adicional del 10 % a las importaciones procedentes de Brasil y que, en julio, el Gobierno de Estados Unidos decidió añadir un 40 % extra, llevando la carga total al 50 % sobre una amplia gama de productos brasileños. Esa decisión estuvo explícitamente ligada por el presidente Trump al proceso judicial contra el exmandatario Jair Bolsonaro, al que calificó de “cacería de brujas”. Posteriormente, Bolsonaro fue condenado a más de veintisiete años de prisión por intento de golpe de Estado, lo que reforzó la lectura política de las medidas comerciales en Brasil. Con el anuncio más reciente desde Washington, se retira el recargo inicial del 10 %, pero se conserva el adicional del 40 % precisamente sobre café, carne bovina y frutas tropicales como mango y piña.

El vicepresidente brasileño subrayó que algunos productos, como el jugo de naranja, pasan ahora a tener un arancel cero, al no haber sido incluidos en el tramo adicional del 40 %. No obstante, insistió en que la estructura tarifaria resultante sigue generando una fuerte distorsión en la competencia. Según explicó, la decisión del viernes eleva de 23 % a 26 % la proporción de exportaciones brasileñas que ingresan al mercado estadounidense sin recargos extraordinarios, una mejora que calificó como “un paso en la dirección correcta”, pero aún insuficiente frente al impacto que el arancel del 40 % mantiene sobre segmentos clave del sector agroexportador. 

Alckmin describió la prioridad del Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva como doble: por un lado, preservar el diálogo político de alto nivel con Estados Unidos (EE. UU.) y, por otro, seguir trabajando técnica y diplomáticamente para desmantelar la tarifa extraordinaria sobre café, carne y frutas. Distintas asociaciones empresariales, como la Asociación Brasileña de la Industria del Café (ABIC), han reiterado que continuarán monitoreando la situación y abogando por condiciones de previsibilidad, competitividad y seguridad jurídica para la industria brasileña, al advertir que un gravamen de esta magnitud erosiona márgenes, encarece el producto para el consumidor estadounidense y favorece a competidores de terceros países. 

Las tensiones comerciales alcanzaron uno de sus puntos más críticos tras el anuncio del aumento de tarifas a 50 % en julio, medida que el Gobierno brasileño interpretó como una politización de la relación económica bilateral. Autoridades de Brasil llegaron a plantear la posibilidad de recurrir a los mecanismos de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y, en paralelo, estudiar medidas de reciprocidad en áreas específicas. Sin embargo, el tono se moderó en las últimas semanas, especialmente después del encuentro entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el presidente Donald Trump en octubre, en el marco de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) celebrada en Malasia. En esa reunión, ambos mandatarios acordaron instruir a sus equipos económicos y diplomáticos para explorar opciones que permitan reducir las tensiones y avanzar hacia un posible acuerdo comercial. 

Desde la óptica de la Casa Blanca, la eliminación parcial de tarifas se presenta como un equilibrio entre la necesidad de responder a preocupaciones inflacionarias internas —en particular, los precios récord de la carne vacuna— y el interés de mantener presión política sobre Brasil por el caso Bolsonaro. Desde la perspectiva del Gobierno brasileño, la decisión de Washington es una señal de apertura, pero todavía insuficiente para restablecer plenamente la normalidad en el comercio bilateral. El mantenimiento del arancel del 40 % sobre café, carne bovina y frutas tropicales obliga a Brasil a seguir combinando la defensa firme de sus intereses productivos con una estrategia diplomática orientada a reducir gradualmente las barreras, evitar una escalada y proteger un vínculo económico que es clave para ambos países en el contexto de la economía global

EE. UU. INTENSIFICA OPERATIVO MIGRATORIO EN CHARLOTTE EN MEDIO DE CONTROVERSIA POLÍTICA

Autoridades federales confirmaron el inicio de un operativo de control migratorio a gran escala en Charlotte, Carolina del Norte, donde agentes fueron vistos realizando arrestos en múltiples puntos de la ciudad.

Tricia McLaughlin, subsecretaria de Seguridad Nacional, aseguró que la intervención busca proteger a los estadounidenses de “criminales violentos en situación irregular”, mientras el gobierno de Donald Trump vincula el operativo con el reciente asesinato de una mujer ucraniana en el sistema de transporte local.

La ofensiva generó alarma inmediata entre autoridades locales, incluida la alcaldesa Vi Lyles, quienes advirtieron que estas acciones están creando miedo y confusión en una ciudad con más de 150.000 residentes nacidos en el extranjero. A lo largo del día se reportaron múltiples detenciones, cierres preventivos de negocios latinos y casos de ciudadanos estadounidenses detenidos temporalmente. Uno de ellos, un hondureño nacionalizado, denunció que agentes rompieron la ventana de su carro, lo forzaron al suelo y lo interrogaron antes de liberarlo tras verificar su ciudadanía.

Organizaciones comunitarias documentaron un aumento en paradas vehiculares y acercamientos de agentes en zonas residenciales, algunos descritos como intentos de “pesca” sin causa clara. En un caso, dos trabajadores que instalaban luces navideñas fueron abordados en un jardín residencial, generando preocupación por posibles abusos y perfilamiento racial. Líderes locales señalaron que Charlotte “no es una ciudad fronteriza” y cuestionaron la legalidad y el propósito del operativo.

Mientras sectores republicanos aplaudieron la acción como un mandato electoral para reforzar la seguridad, cientos de personas protestaron en un parque de la ciudad. El gobernador Josh Stein advirtió que en operativos similares la mayoría de los detenidos no tienen antecedentes penales e instó a documentar cualquier abuso. La policía local reiteró que no participa en labores de inmigración, en un contexto de creciente tensión entre autoridades locales y el gobierno federal.

PRESIDENTE TRUMP ROMPE CON MARJORIE TAYLOR GREENE Y ANUNCIA QUE APOYARÁ UN RETADOR EN 2026

El presidente Donald Trump declaró públicamente el fin de su relación política con la congresista republicana Marjorie Taylor Greene, una de sus aliadas más visibles desde los inicios del movimiento MAGA. En un mensaje publicado en sus redes, Trump la calificó como “‘Wacky’ Marjorie” y aseguró estar dispuesto a respaldar a un oponente en las elecciones legislativas de 2026 “si aparece la persona adecuada”.

El quiebre es la culminación de meses de tensiones en los que Greene ha tomado distancia de la línea dura del trumpismo, criticando a líderes republicanos durante el reciente cierre de gobierno y exigiendo acciones para proteger a familias afectadas por la expiración de subsidios de salud. Trump la acusó de haberse ido “hacia la izquierda” y afirmó que en los últimos meses solo ha visto en ella “¡QUEJAS, QUEJAS, QUEJAS!”, agregando que no puede “tomar las llamadas de una lunática todos los días”.

Greene respondió que el Presidente “la atacó y mintió” y sugirió que la causa del enfrentamiento fue su presión para publicar los archivos relacionados con Jeffrey Epstein, cuya liberación se discutirá en la Cámara la próxima semana. Aseguró que Trump está “luchando durísimo para impedir” que esos documentos salgan a la luz y recordó haberlo apoyado “con demasiado tiempo, demasiado dinero y demasiado esfuerzo”, pero aclaró que “no lo adora ni lo sirve”.

En comentarios a periodistas durante su vuelo hacia Florida, Trump insistió en que “algo le pasó” a Greene recientemente y reveló que ya ha recibido llamadas de personas interesadas en competir contra ella. Según el presidente, la congresista “perdió una reputación conservadora maravillosa”.

El distanciamiento entre ambos se venía profundizando desde mediados de año, cuando Greene decidió no postularse al Senado, confrontó a donantes republicanos, defendió públicamente a Tucker Carlson frente a críticas de Trump y lanzó ataques contra líderes de su propio partido. En las últimas semanas, la congresista buscó un perfil más moderado con apariciones en programas como Real Time de Bill Maher y The View, donde incluso fue percibida como más conciliadora. Esa evolución, celebrada por algunos comentaristas, parece haber consolidado la ruptura definitiva con Trump.

MICHELLE OBAMA AFIRMA QUE ESTADOS UNIDOS AUN NO ESTA LISTO PARA UNA PRESIDENTA Y VUELVE A DESCARTAR UNA CANDIDATURA

La ex primera dama de Estados Unidos (EE. UU.), Michelle Obama, afirmó en un evento reciente en Brooklyn que el país “todavía no está listo” para elegir a una mujer como presidenta, en alusión directa a la campaña fallida de la ex vicepresidenta Kamala Harris en las elecciones de 2024. Sus declaraciones se produjeron durante una conversación con la actriz Tracee Ellis Ross en la Brooklyn Academy of Music, donde presentó su nuevo libro The Look, centrado en su relación con la moda y la política durante y después de su paso por la Casa Blanca. El diálogo, grabado como parte de un proyecto vinculado a su podcast, fue difundido en plataformas digitales y reavivó el debate sobre el papel de las mujeres en la política estadounidense.

Al responder a una pregunta de Tracee Ellis Ross sobre si hoy existe “espacio suficiente” para una presidenta, Obama sostuvo que la contienda de 2024 mostró que, “por desgracia”, el país aún no está preparado. Explicó que, en su opinión, persisten resistencias culturales y políticas a la idea de ser liderados por una mujer, especialmente entre ciertos sectores de hombres que todavía no se sienten cómodos con ese tipo de liderazgo. Según la ex primera dama, el resultado de la candidatura de Kamala Harris evidenciaría que la sociedad estadounidense “tiene mucho que madurar” antes de superar por completo los sesgos de género en el acceso a los más altos cargos de poder.

Las palabras de Michelle Obama se producen en un contexto en el que su nombre continúa figurando de manera recurrente en encuestas y especulaciones mediáticas como posible candidata del Partido Demócrata de Estados Unidos (Partido Demócrata) a la Presidencia. Sin embargo, ella ha reiterado de forma constante que no tiene intención de presentarse. Ya en 2016, aún como primera dama, afirmó públicamente que “no” sería candidata, y su oficina volvió a descartar esa posibilidad en 2024, cuando aclaró que no competiría en las elecciones presidenciales de ese año pese a que sondeos la mostraban como una figura demócrata con alta favorabilidad frente a Donald Trump.

Durante la campaña de 2024, Obama se involucró activamente en favor de la candidatura de Kamala Harris, con mensajes especialmente dirigidos a mujeres y jóvenes. En actos de campaña en estados clave, advirtió sobre lo que considera riesgos de un nuevo gobierno de Donald Trump para los derechos de las mujeres, en particular en materia de salud y autonomía reproductiva, e instó a no “entregar nuestro destino” a liderazgos que, en su opinión, muestran desprecio por esos avances. En uno de esos eventos, Michelle Obama subrayó que Harris estaba preparada “por todos los parámetros” para ejercer la Presidencia, y trasladó la pregunta al electorado: más que cuestionar la preparación de la candidata, se preguntó si el país estaba realmente listo para ese momento.

En términos políticos, sus recientes declaraciones reafirman dos mensajes simultáneos: por un lado, una crítica a la persistencia de barreras estructurales y de actitud hacia el liderazgo femenino en Estados Unidos (EE. UU.) y, por otro, una negativa inequívoca a capitalizar su popularidad personal para una candidatura propia. Para el Partido Demócrata, la intervención de Michelle Obama sirve como un recordatorio de los desafíos que enfrenta cualquier mujer que aspire a la Casa Blanca, incluso contando con experiencia, respaldo institucional y amplio reconocimiento público. Para la opinión pública, sus palabras reabren el debate sobre hasta qué punto los resultados electorales reflejan solo preferencias políticas coyunturales o también resistencias más profundas en torno al género y al poder.