Edición 217 - Perspectivas y retos del nuevo gobierno en Colombia 2026
Ecosistemas para el futuro: cómo Colombia puede competir desde el conocimiento

Por: Zully Colmenares, coordinadora de Comunicaciones y Mercadeo de Zona Franca Santander.
El nuevo gobierno colombiano llega en un momento en que las reglas de la competitividad ya no son las de antes. Durante gran parte de la historia económica, el país ha dirigido gran parte de los esfuerzos a los recursos naturales e infraestructura física. Hoy el mundo avanza a un contexto donde el conocimiento, la innovación y la tecnología se han convertido en los principales motores de desarrollo. La pregunta que enfrenta cualquier administración que asume en este momento es clave: ¿Tiene el país una agenda de competitividad alineada con las nuevas tendencias, retos y oportunidades de la economía mundial?
La inteligencia artificial, la automatización, la digitalización de las industrias, la transición energética y la creciente integración de las cadenas globales de valor están transformando la manera en que las economías generan riqueza y bienestar.
Ese es el terreno donde se va a dinamizar la competitividad del país en los próximos años, y es un terreno que exige decisiones distintas y brindar reglas claras es una de ellas, pues sin esto no no existe competitividad sostenible. La atracción de inversión de largo plazo exige estabilidad regulatoria, seguridad jurídica e instituciones que generen confianza. Los inversionistas evalúan no solo los incentivos tributarios, sino la capacidad de los países para ofrecer entornos predecibles que permitan desarrollar proyectos durante décadas.
En este contexto, se proyecta que las regiones más exitosas serán las que logran articular capacidades: crear, atraer y retener talento; facilitar la innovación; convertir el conocimiento en oportunidades económicas. La competitividad adquiere así una dimensión diferente para el país. Ahora se vuelven protagonistas las capacidades de ecosistemas donde converge la academia, el sector privado, las instituciones públicas, los emprendedores, los inversionistas y la ciudadanía alrededor de una visión compartida de desarrollo. El reto para el nuevo gobierno es transformar esfuerzos individuales y aislados en una construcción colectiva, sostenida en el tiempo y más allá de un solo periodo de gobierno.
La economía del conocimiento ha demostrado que el valor se genera cada vez más a partir de activos intangibles: talento especializado, capacidades tecnológicas, investigación aplicada, innovación empresarial y conectividad con los mercados globales.
Los territorios que logran integrar estos elementos se convierten en polos de crecimiento capaces de liderar nuevas industrias, atraer inversión de alto valor agregado y generar empleos de mayor calidad. Por eso, la nueva agenda de competitividad del país encuentra una oportunidad clara en la construcción de ecosistemas de valor desde las zonas francas, que potencien las fortalezas regionales, acompañados de facilidades e incentivos de operación que dependen, en buena medida, de decisiones de política pública con incentivos claros, marcos regulatorios estables y una articulación real con universidades y centros de formación.
La articulación entre educación, innovación, logística, sostenibilidad y desarrollo empresarial abre la puerta a sectores estratégicos como la inteligencia artificial, el desarrollo de software, la manufactura avanzada, la transición energética, la agroindustria tecnológica y los servicios globales. Pero, esa articulación no surge espontáneamente, necesita un estado que la facilite, la financie y la sostenga en el tiempo.
Un ejemplo de que este modelo es funcional es Zona Franca Santander, donde su dinámica actualmente responde a la tendencia global para crear condiciones de aprendizaje continuo y la transferencia de conocimientos. Se trata de Campuslands, un proyecto orientado al desarrollo de capacidades digitales, programación, inteligencia artificial y tecnologías emergentes, que permiten que la región participe activamente en el mercado internacional, fortaleciendo su capacidad para generar innovación y atraer nuevas oportunidades empresariales que se traducen en una ola de desarrollo para el territorio nacional.
Andrea Serrano, gerente general de Zona Franca Santander, considera que “la competitividad de los territorios estará cada vez más asociada a su capacidad para construir ecosistemas donde converjan talento, innovación, inversión y conocimiento. Las industrias del futuro buscarán entornos que faciliten la colaboración, aceleren la adopción tecnológica y promuevan el desarrollo de capacidades especializadas. Desde Zona Franca Santander trabajamos para consolidar un ecosistema que contribuya a esa transformación, facilitando la llegada de proyectos que generen valor, fortalezcan el talento regional y conecten a Colombia con las oportunidades de la economía global”.
La competitividad económica presente-futuro del país necesita conectar talento, conocimiento, innovación, logística y comercio internacional en ecosistemas capaces de generar valor de manera sostenible. El verdadero desafío para el próximo gobierno será crear las condiciones para que esos ecosistemas florezcan en todas las regiones del país y conviertan a Colombia en un actor relevante dentro de la nueva economía global.
Julio 2026