María Claudia Lacouture P.
Presidenta ejecutiva, Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia)
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@mclacouture
Detrás de una taza de café hay mucho más que un producto. Hay tierra, agua, energía, trabajo, conocimiento e inversión. Para que llegue a nuestra mesa, cada elemento de esa cadena debe funcionar de manera articulada. Y para garantizar que siga llegando en el futuro, necesitamos un equilibrio entre el cuidado de la naturaleza, el bienestar de las personas y la viabilidad económica de quienes participan en su producción.
Esa es la sostenibilidad que promovemos desde la Cámara de Comercio Colombo Americana, AmCham Colombia: una visión en la que lo ambiental, lo social y lo económico son dimensiones inseparables del desarrollo. Proteger los recursos naturales es indispensable, pero también lo es generar empleo, atraer inversión y crear oportunidades para las comunidades. No se trata de escoger entre crecimiento y protección ambiental, sino de lograr que ambos propósitos se fortalezcan mutuamente.
Colombia ha avanzado en esa dirección. La Estrategia Nacional de Economía Circular de 2019 y la taxonomía verde de 2022 representan pasos importantes. Según cifras preliminares del DANE, las actividades asociadas a la economía circular generaron más de $26 billones de valor agregado en 2024. La sostenibilidad, por tanto, también representa oportunidades económicas concretas.
Uno de los principales desafíos es garantizar energía suficiente, confiable y competitiva para las empresas, mientras avanzamos hacia procesos más eficientes y con menores emisiones. Modernizar equipos, aprovechar mejor los recursos y reducir desperdicios permite disminuir costos y fortalecer la productividad.
Esta transformación también exige formar talento y desarrollar proveedores locales. La transición energética debe traducirse en oportunidades de empleo y progreso, acompañando especialmente a las regiones cuyas actividades económicas están cambiando.
El agua y los ecosistemas son igualmente esenciales. De ellos dependen la producción agrícola, la industria y el bienestar de las comunidades. Experiencias internacionales, como la reutilización de agua en Singapur, demuestran que la innovación permite combinar protección ambiental y competitividad. Colombia puede adaptar estas soluciones mediante tecnología, inversión y cooperación entre empresas y territorios.
La sostenibilidad también necesita instituciones que coordinen sus decisiones y ofrezcan certidumbre. Por ello, es importante avanzar en mecanismos que articulen mejor los procesos de licenciamiento ambiental y consulta previa, con procedimientos claros y tiempos institucionales previsibles.
La protección de los derechos de las comunidades y la seguridad jurídica para la inversión no son objetivos contrapuestos. Una coordinación eficiente puede facilitar proyectos responsables, fortalecer la confianza y generar beneficios compartidos para los territorios, respetando plenamente la participación de las comunidades étnicas y las exigencias ambientales.
El liderazgo empresarial es determinante para convertir estas oportunidades en acciones concretas. Las grandes compañías pueden extender buenas prácticas a sus cadenas de valor, mientras las pequeñas y medianas empresas necesitan acceso a financiación, tecnología y asistencia técnica para mejorar sus procesos.
Desde AmCham Colombia impulsamos esa articulación y reconocemos el compromiso de nuestras empresas afiliadas con la innovación, el uso eficiente de recursos, el desarrollo del talento y el bienestar de las comunidades.
La sostenibilidad no puede limitarse a declaraciones de intención. Debe reflejarse en empresas competitivas, empleos de calidad, inversiones responsables y territorios con mayores oportunidades.
Nuestro desafío es demostrar que proteger la naturaleza también significa generar desarrollo. El futuro sostenible de Colombia depende de encontrar ese equilibrio que permita que el medioambiente, las personas y las empresas progresen juntos.
Octubre 2026