María Claudia Lacouture P.
Presidenta ejecutiva, Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia)
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@mclacouture
Aunque la economía colombiana logró crecer un 1,7% en 2024, este resultado quedó muy por debajo de lo que el país necesita para responder a sus retos fiscales, sociales y de desarrollo. Si bien hubo una expansión del PIB, el nivel alcanzado es insuficiente para impulsar la generación de empleo de calidad, fortalecer la inversión privada o garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Los datos disponibles en lo que va de 2025 confirman que la situación no ha cambiado sustancialmente: el Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) de febrero registró apenas un 1,77% de crecimiento, mostrando una desaceleración frente al 2,23% del mismo mes del año anterior.
Más preocupante aún es la composición de ese crecimiento. Sectores fundamentales como el agro y la industria se contrajeron en febrero (-1% y -3,1% respectivamente), evidenciando fragilidades estructurales en áreas que deberían ser motores de crecimiento. Mientras tanto, el impulso de los servicios (3,5%) obedece, en buena parte, al gasto público, un elemento que no garantiza sostenibilidad a largo plazo.
En este contexto de alta incertidumbre económica, la reciente decisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de suspender temporalmente el acceso de Colombia a la Línea de Crédito Flexible debe leerse como una alerta seria. Esta línea era un reconocimiento de la fortaleza macroeconómica del país y su pérdida, aunque parcial, impacta la percepción internacional de solidez y estabilidad de la economía colombiana. No se trata solo de perder un “respaldo” simbólico: implica mayores costos de financiamiento y menor margen de maniobra frente a futuras crisis.
Para revertir esta situación, no bastan los discursos: se requiere un plan concreto y urgente de reactivación económica. Es necesario impulsar sectores estratégicos como la construcción y la industria, fundamentales para la creación de empleo masivo y para dinamizar el tejido productivo. Además, se deben adoptar acciones claras para fomentar la inversión productiva, evitando medidas que desincentiven el ahorro o castiguen al sector empresarial, como los anticipos tributarios.
Un aspecto central debe ser también el impulso decidido a la formalización empresarial. Fortalecer la base de empresas formales permite ampliar la recaudación tributaria de manera estructural, mejorar la calidad del empleo y aumentar la competitividad de la economía.
Finalmente, Colombia debe aprovechar mucho mejor las oportunidades del comercio exterior. Integrarse de manera más activa en cadenas globales de valor, diversificar mercados de exportación y potenciar sectores como el agroindustrial, manufacturero y de servicios basados en conocimiento son caminos para crecer de manera sostenible.
El ISE y los datos recientes son una advertencia clara: es necesario un giro en la política económica que priorice la estabilidad, la confianza y el crecimiento de largo plazo. El tiempo para actuar se está acabando y no se puede desperdiciar la oportunidad de corregir el rumbo.
Abril 2025