Edición 208 - Sostenibilidad y Responsabilidad Social Empresarial 2025
Más allá de la reputación: La sostenibilidad como motor de rentabilidad

Por: Germán Acebedo Roncancio, gerente de Crecimiento y Alianzas Sudamérica de FUNDES
La sostenibilidad ha dejado de ser un componente de reputación corporativa para consolidarse como un pilar medible del éxito empresarial. La evidencia es contundente: un metaestudio que acumuló la experiencia de más de 1,000 investigaciones, publicado por NYU Stern, revela que en el 58 % de los casos, las empresas con alto desempeño en criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG) muestran mejores resultados financieros. El mismo análisis señala que, desde la perspectiva del inversionista, las estrategias ESG demuestran ofrecer protección contra pérdidas (“downside protection”), especialmente durante momentos de crisis social o económica. La conclusión es clara: la sostenibilidad es una inversión estratégica y rentable.

El paradigma de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) a menudo gestionado de forma aislada, ha evolucionado hacia el marco ESG, la forma demostrada de operar con una visión de largo plazo. Este enfoque no solo se trata de mitigar riesgos, sino de identificar activamente oportunidades de creación de valor. Mientras el pilar ‘A’ (Ambiental) con frecuencia domina la conversación, las oportunidades más potentes para forjar una ventaja competitiva residen en los pilares ‘S’ (Social) y ‘G’ (Gobernanza), específicamente en la manera en que una compañía interactúa con su ecosistema de negocio extendido.
La resiliencia y el verdadero potencial de una corporación están intrínsecamente ligados a la fortaleza de su cadena de valor.
Este concepto se materializa a través de un modelo probado en múltiples industrias. Líderes de consumo masivo, como AB InBev, Pepsico, Coca-Cola o Nestlé, lo implementan para potenciar su llegada al mercado a través del fortalecimiento de miles de pequeños comerciantes. Pero, este enfoque estratégico no se limita a dicho sector; es una palanca de crecimiento para cualquier negocio cuya ‘última milla’ —sea de distribución de productos o de prestación de servicios— dependa de una red capilar de emprendedores locales. La lógica es universal y resulta en un ciclo virtuoso: al invertir en las capacidades de sus socios comerciales, la empresa ancla no solo asegura la excelencia en su punto de contacto con el cliente final, sino que construye un ecosistema de negocio más eficiente y resiliente.
Para activar este ciclo virtuoso, las empresas líderes están transformando el concepto en un plan de acción medible. Su hoja de ruta estratégica incluye tres pasos clave: primero, realizar diagnósticos de su ecosistema para identificar las brechas de capacidad (digitales, financieras, de gestión) y las oportunidades reales en su red de socios. Segundo, co-diseñar programas de fortalecimiento que sean pertinentes a esas necesidades, asegurando la relevancia y adopción de las soluciones. Y, finalmente, establecer métricas claras de valor compartido que demuestren el retorno de la inversión, tanto para el impacto social generado como para el negocio.
La sostenibilidad más impactante es la que se construye hacia afuera. Invertir en las capacidades del ecosistema de socios comerciales no es únicamente un acto de responsabilidad. Es forjar, de manera inteligente y estratégica, la ventaja competitiva más duradera en el complejo mercado actual.
Agosto 2025