Edición 215 - Colombia y Estados Unidos: una relación estratégica en evolución 2026
Más allá del Plan Colombia: diversificación y desafíos de una alianza histórica

Por: Donny Donosso, gerente de Servicios Legales; y Juan Manuel Santos, asistente B de Servicios Legales, de Grant Thornton Colombia.
La relación entre Colombia y Estados Unidos ha sido, durante décadas (recordar la política de la “Estrella Polar” de inicios del siglo pasado), uno de los ejes más relevantes de la política exterior colombiana, aun con las diferencias obvias en materia de estructuras legales, con la consabida distancia conceptual entre el Common Law y el denominado Derecho Continental, así como elementos culturales y económicos diferenciales. En este sentido, el estado del arte sobre esta relación evidencia una evolución significativa: de un enfoque predominantemente securitizado hacia una agenda más diversificada que incorpora dimensiones económicas, políticas, ambientales y sociales y, por tanto, también legales.
Históricamente, la cooperación bilateral estuvo marcada por la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales, especialmente a partir de la implementación del Plan Colombia a finales de los años noventa[1]. Este programa consolidó una alianza estrecha en materia de seguridad, canalizando recursos financieros, asistencia militar y cooperación técnica. La literatura académica coincide en que esta fase fortaleció las capacidades institucionales del Estado colombiano, aunque también generó debates sobre soberanía, derechos humanos y la efectividad de las estrategias represivas frente a economías ilícitas.
En la actualidad, el análisis contemporáneo destaca un proceso de reconfiguración de la relación bilateral. Si bien, la seguridad sigue siendo un componente relevante, especialmente en lo relativo al narcotráfico y el crimen transnacional, se observa una ampliación de la agenda hacia temas como el comercio, la inversión y el desarrollo sostenible. La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC)[2] en 2012 marcó un hito en la consolidación de vínculos económicos, posicionando a Estados Unidos como el principal socio comercial de Colombia. Este acuerdo ha sido objeto de análisis diversos, que resaltan tanto sus beneficios en términos de acceso a mercados como sus desafíos en materia de competitividad y desigualdad sectorial.
Otro elemento central en la evolución reciente es la incorporación de la cooperación en temas ambientales y de cambio climático. La Amazonía, la transición energética y la protección de la biodiversidad han adquirido mayor protagonismo en la agenda bilateral, en línea con prioridades globales y con el interés de ambos países en proyectar liderazgo en sostenibilidad. Este giro temático refleja una tendencia más amplia en la política exterior estadounidense, que busca articular seguridad con desarrollo y gobernanza ambiental.
Asimismo, el papel de Colombia como socio estratégico regional de Estados Unidos se resalta por su ubicación geográfica, estabilidad institucional relativa y experiencia en seguridad, que lo convierten en un aliado clave en América Latina, particularmente en contextos como la crisis migratoria y la situación política en países vecinos. En este sentido, la relación bilateral trasciende lo estrictamente particular de cada jurisdicción para insertarse en dinámicas geopolíticas más amplias.
No obstante, el estado actual de la relación también identifica tensiones y desafíos[3]. Las diferencias en enfoques frente a políticas de drogas[4], derechos humanos y modelos de desarrollo pueden generar fricciones. Además, los cambios en las administraciones de ambos países influyen en el tono y las prioridades de la relación, introduciendo elementos de incertidumbre. A ello se suma la creciente presencia de otros actores globales en la región, lo que plantea interrogantes sobre el mantenimiento de Estados Unidos de su tradicional influencia tradicional.
Un aspecto adicional que ha cobrado creciente relevancia en el análisis contemporáneo es la dimensión institucional y diplomática de la relación, particularmente en el marco de mecanismos formales de diálogo y cooperación. Espacios como el Diálogo de Alto Nivel Colombia-Estados Unidos han permitido estructurar una agenda más integral, facilitando la coordinación en sectores como educación, ciencia y tecnología, fortalecimiento institucional y derechos laborales. Estos mecanismos reflejan una maduración de la relación, en la que la cooperación ya no se limita a respuestas coyunturales, sino que busca consolidar capacidades de largo plazo.
La relación entre Colombia y Estados Unidos ha transitado de una alianza centrada en la seguridad hacia una asociación multidimensional en constante adaptación[5]. El análisis contemporáneo sugiere que su sostenibilidad dependerá de la capacidad de ambos países para gestionar sus diferencias, diversificar sus áreas de cooperación y responder a los desafíos emergentes de un entorno internacional cada vez más complejo.
[1] https://www.comisiondelaverdad.co/el-plan-colombia
[2] Ley 1143 del 4 de julio de 2007. Posteriormente, para la implementación de los compromisos adquiridos en el tratado que entró en vigor el 15 de mayo de 2012, se emitieron normas como la Ley 1520 de 2012 y el Decreto 730 de 2012
[3] https://www.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/Communique-260202.aspx
[4] Sembrando vida, desterrando el Narcotráfico. Política de drogas 2023-2033
[5] Cancillería de Colombia. Relaciones Bilaterales entre Colombia y Estados Unidos
Mayo 2026