Edición 205 - TLC Colombia-Estados Unidos: Relación de oportunidades 2025
Crisis arancelaria con el Gobierno Trump: ¿se puede ver el vaso medio lleno?

Por Orza Relacionamiento Estratégico
El “Liberation Day” proclamado por la administración Trump ha sacudido los cimientos del comercio internacional. Al imponer un arancel universal del 10% a las importaciones y castigar aún más severamente a países considerados riesgos estratégicos, Estados Unidos apuesta por una reindustrialización agresiva bajo el lema “buy American, hire American”.
En este contexto de tensiones comerciales, incertidumbre y fragmentación de cadenas de suministro, Colombia, un aliado tan tradicional como pequeño, se perfila como uno de los pocos ganadores inesperados. Hay una razón por la cual los colombianos podemos ver el vaso medio lleno: el Tratado de Libre Comercio (TLC) vigente entre Colombia y Estados Unidos. Gracias a este acuerdo, más de 11.000 productos colombianos pueden seguir entrando a EE. UU. sin pagar aranceles, siempre que cumplan las estrictas reglas de origen. En un mundo donde China enfrenta aranceles del 145% y Vietnam del 46%, la posición de Colombia es privilegiada y estratégica.
Ahora, la ventaja colombiana también radica en otros factores: tiempos de entrega mucho más cortos que los competidores asiáticos, una industria exportadora flexible, y una capacidad creciente para adaptarse a nuevas tendencias como la sostenibilidad y la innovación. En sectores como textiles, confecciones y materiales eléctricos Colombia tiene el potencial de consolidarse como un proveedor confiable y competitivo para el mercado estadounidense. De hecho, el gobierno Petro ha insinuado su interés en el desarrollo de estos sectores pero, como ya se ha vuelto costumbre, su ejecución ha brillado por su ausencia.
El “Liberation Day” abre un espacio político y económico que Colombia debe saber aprovechar. La relocalización de cadenas de suministro hacia países aliados —conocida como friendshoring— ofrece a América Latina, y particularmente a Colombia, una oportunidad única para atraer inversión extranjera, diversificar exportaciones y fortalecer sus capacidades productivas. La crisis del comercio mundial puede, irónicamente, ser el catalizador de una transformación económica regional largamente postergada.
Claro está, esta oportunidad no está exenta de desafíos. Para capitalizar el momento, Colombia deberá cumplir estándares más altos en trazabilidad, sostenibilidad y alineación geopolítica. Cosa que se ve bastante compleja con nuestro gobierno de la inacción actual. El acceso preferencial a EE. UU. no será automático: será condicional. Además, sectores clave como el agro y la minería, aunque menos golpeados que sus competidores asiáticos, enfrentan riesgos de presión sobre márgenes y volatilidad en la demanda.
El “Liberation Day” no garantiza el éxito, pero abre una puerta que rara vez se presenta en la historia económica de los países emergentes. Colombia tiene hoy la posibilidad de reposicionarse en el comercio mundial, ganar participación en mercados estratégicos y construir una nueva narrativa de crecimiento basada en competitividad, calidad y confiabilidad. Es cuestión de saber leer la situación.
En un mundo que se reorganiza entre aliados estratégicos y rivales sistémicos, Colombia tiene una decisión crucial: ser espectador de las oportunidades o protagonista de su propio ascenso.
Mayo 2025