Edición 205 - TLC Colombia-Estados Unidos: Relación de oportunidades 2025
El TLC Colombia-EE. UU: Desafíos, oportunidades y el rol del sector privado en el nuevo entorno de comercio global

Por Vali Consultores
Desde su entrada en vigor en 2012, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos se concibió como una herramienta clave para impulsar la diversificación productiva y facilitar el acceso al mercado más competitivo del mundo. Sin embargo, tras más de una década, los resultados reflejan un panorama mixto. Si bien sectores como el agroindustrial han aprovechado las ventajas arancelarias, persisten desafíos estructurales que limitan la sofisticación y el valor agregado de la oferta exportadora.
Entre 2012 y 2024, las exportaciones no minero-energéticas crecieron un 4.8% anual, un avance insuficiente para reducir la dependencia de productos básicos como el petróleo (38.9%), el carbón (17.8%) y el café (11.2%). Esta concentración explica, en parte, el déficit comercial bilateral de US$10.881 millones y la vulnerabilidad ante políticas como los aranceles del 10% anunciados por EE.UU. en 2025¹, una medida suspendida temporalmente, pero reveladora de los riesgos que genera la incertidumbre en el comercio global.
En este contexto, el concepto de ruido² adquiere relevancia. El ruido, entendido como la variabilidad aleatoria en decisiones que deberían ser coherentes, se manifiesta en la fluctuación de políticas comerciales, plazos logísticos impredecibles y estándares de calidad cambiantes. Para el TLC, el sesgo es la dependencia crónica de materias primas, mientras el ruido surge de la volatilidad regulatoria, como los aranceles anunciados en 2025. La clave, sin embargo, no es eliminar el ruido —inevitable en un mundo interconectado—, sino construir estructuras resilientes que mitiguen su impacto. Sectores como el agroindustrial demuestran que esto es posible: la exportación de aguacate hass pasó de US$5millones en 2012 a US$5 millones en 2012 a US$68 millones en 2024³, posicionándose como un producto gourmet con certificaciones de origen y sostenibilidad. No obstante, los bienes con valor agregado aún representan solo el 3.9% del total exportado, lo que subraya la urgencia de políticas industriales que fomenten clústeres exportadores e inversión en tecnología.
La brecha tecnológica es otro obstáculo crítico. Colombia destina apenas el 0,31% de su PIB a I+D, frente al 3,1% de EE. UU., lo que limita su capacidad para integrarse en cadenas globales de valor. Aquí, el sector privado tiene un rol protagónico: apostar por certificaciones internacionales, digitalización y calidad permitirá capitalizar nichos de mercado, como los que surgen del nearshoring. Sin embargo, las pymes —que representan el 82% del tejido productivo— enfrentan un cuello de botella: reciben menos del 12% del crédito bancario. Priorizar su acceso a financiamiento es clave para una inserción internacional inclusiva, mientras el gobierno redirige recursos hacia un equilibrio entre productos tradicionales y no tradicionales que mejore la balanza comercial.
A esto se suma el desafío de la inversión ineficiente de las regalías: no se evidencia una estrategia clara para canalizar estos recursos hacia proyectos que impulsen la exportación de bienes no tradicionales⁴. Aprovechar las regalías para diversificar la oferta exportadora, apoyar a pymes con potencial internacional y posicionarse en mercados donde las grandes empresas aún no están presentes, es una tarea urgente y estratégica.
La experiencia de países como México y Perú ofrece lecciones valiosas. México negoció cláusulas de protección sectorial en el T-MEC, blindando industrias estratégicas ante cambios regulatorios. Perú, por su parte, redujo su dependencia del mercado estadounidense mediante acuerdos con Asia y megaproyectos como el puerto de Chancay⁵. Colombia debe avanzar en una estrategia dual: consolidar su posición en mercados tradicionales (EE.UU., UE, China) con servicios y manufacturas, mientras explora nichos en África y Asia con productos de consumo masivo, como los ya exitosos en Latinoamérica.
Es un error plantear una dicotomía entre productos tradicionales y no tradicionales. Los primeros —petróleo, café, bananos— han asegurado divisas y mercados, financiando la transición hacia sectores más sofisticados. Corea del Sur, por ejemplo, usó ingresos de textiles en los 80 para impulsar su industria de semiconductores. Este proceso de transición industrial, donde sectores tradicionales financian el desarrollo de industrias complejas⁶, demostró ser crucial para que Corea del Sur superara la trampa de ingresos medios. Colombia puede emular este modelo, combinando visión estratégica y articulación sectorial. La diversificación geográfica tampoco excluye la especialización: en EE.UU. y la UE, el objetivo debe ser aumentar la participación de servicios y productos manufacturados de alta calidad, mientras en mercados emergentes, replicar productos con ventajas competitivas.
Pese a los desafíos, el TLC sigue siendo una herramienta vigente. En 2024, el 64% de las exportaciones a EE.UU. se acogieron a sus beneficios arancelarios. El reto no es renegociar el tratado, sino fortalecer el aparato productivo. Esto exige una agenda pública-privada que priorice la innovación —elevando la inversión en I+D al menos al 1% del PIB⁷—, la diversificación inteligente y protocolos contra el ruido comercial, como contratos con cláusulas flexibles ante cambios regulatorios.
El TLC no es el problema, sino la oportunidad. La tarea pendiente es construir una oferta nacional. Casos como el aguacate hass o el limón Tahití demuestran que una Colombia exportadora es posible si se combina inversión inteligente, negociación de tratados y cooperación sectorial. En un mundo donde la incertidumbre es la norma, la clave está en transformar el ruido en una ventaja: dejar de navegar a la deriva y construir, con datos y cooperación, una oferta que genere demanda global.
En un momento de creciente incertidumbre con nuestro principal socio comercial, el sector privado colombiano tiene una oportunidad única: hacer escuchar su voz directamente ante quienes toman las decisiones en el Congreso de los Estados Unidos. Ante un panorama diplomático complejo, será el liderazgo empresarial —y no exclusivamente el político— el que podrá abrir camino.
¹ Registro Federal de EE.UU. (2024, 2 de abril). Notificación sobre medidas arancelarias a productos colombianos (Vol. 89, No. 65). https://www.federalregister.gov
² Kahneman, D., Sibony, O., & Sunstein, C. R. (2021). Ruido: Un fallo en el juicio humano. Deusto.
³ ProColombia. (2024). Reporte de desempeño exportador: productos no tradicionales 2024. https://www.procolombia.co
⁴ Congreso de la República de Colombia, Ley 2056 de 2020, “Por la cual se regula la organización y el funcionamiento del Sistema General de Regalías,” publ. en Diario Oficial [D.O.] 51.450 (Septiembre 30, 2020), art. 28.
⁵ Agencia Andina. (2024, 15 de marzo). Perú inaugura megapuerto de Chancay: el más moderno de Sudamérica. https://www.andina.pe
⁶ Amsden, A. H. (1989). Asia’s next giant: South Korea and late industrialization. Oxford University Press.
⁷ Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia. (2024). Indicadores de inversión en ciencia y tecnología 2023. https://minciencias.gov.co
Mayo 2025