Edición 166 - Tecnología & Telecomunicaciones 2021          


Responsabilidad empresarial en el uso de tecnologías biométricas

Por Andrea Cristina Bonnet, asociada equipo Telecomunicaciones, Medios y Tecnología Brigard Urrutia


El uso cada vez más frecuente de tecnologías biométricas hace pertinente reflexionar sobre su historia y las responsabilidades que surgen en torno a ello. Desde la década de los 70, la primera generación de tecnologías biométricas se implementaba con fines gubernamentales y de seguridad. La más común de este tipo de herramientas tecnológicas fue el reconocimiento facial, la cual, desde esa época, planteaba grandes riesgos para la privacidad. Especialmente debido a la incertidumbre que existía sobre el origen de la recopilación de datos y la falta de consentimiento de las personas. A diferencia de la biometría de primera generación, el uso de tecnologías biométricas de segunda generación evolucionó para ser implementada dentro del sector civil y privado. Estas tecnologías pasaron del reconocimiento facial y dactilar, a evaluar el comportamiento de las personas.

En el contexto del covid-19, las tecnologías biométricas de segunda generación han sido consideradas herramientas eficientes para evitar la propagación del virus, por lo que gobiernos alrededor del mundo han incrementado su implementación. Estos han buscado incansablemente nuevas herramientas para ejecutar políticas públicas que frenen la propagación del virus y, al mismo tiempo, preserven vidas humanas.  En este sentido, la recopilación masiva de datos ha surgido como una solución al servicio de las autoridades nacionales y locales para contener la propagación de la pandemia.

Si bien, la generación de nuevas aplicaciones móviles ha servido como un mecanismo para rastrear la propagación de la pandemia y monitorear su evolución estas herramientas tienen dos problemas fundamentales. El primero, es el ya mencionado problema de privacidad y el segundo es el sesgo tecnológico basado en la captura de información sobre raza y género. Esta falla en las tecnologías biométricas se refiere a captura de la información que puede contener prejuicios en la configuración de los algoritmos que reproducen los estereotipos de sus codificadores. Esto impactaría a grupos minoritarios, posiblemente afectados por discriminación. En particular, en la implementación de las tecnologías biométricas para evitar la propagación del virus, dicho sesgo tecnológico puede presentarse en el monitoreo arbitrario y desproporcionado de quienes han contraído el virus por parte del gobierno, generando estigmas y prejuicios alrededor de estas personas.

En este orden de ideas, una de las principales preocupaciones planteadas sobre el reconocimiento facial consiste en determinar quién debe ser responsable por las implicaciones éticas y la discriminación racial que produce el uso de estas tecnologías.

A pesar de que las legislaciones del mundo están lejos de dirimir este problema, lo cierto es que se necesitan compromisos serios por parte de las empresas que mitiguen el impacto y el sesgo de estas tecnologías.

Por su parte, las empresas han hecho esfuerzos significativos para mitigar el impacto de estas tecnologías en las personas. Por ejemplo, Amazon y Microsoft anunciaron el año pasado que no venderían tecnologías de reconocimiento facial a los departamentos de policía estatales y locales de los Estados Unidos hasta que exista una ley federal que lo regule.

Para contrarrestar la desproporcionalidad de estas medidas, las empresas deben asumir un rol activo en la documentación sobre el impacto que estas tecnologías tiene en las personas, especialmente en aquellos grupos históricamente discriminados. La razón es simple, cuanto más conocimiento e información compartan las empresas sobre las implicaciones del uso de estas tecnologías, más responsabilidad y transparencia habrá dentro de nuestra sociedad. Al aceptar estos prejuicios, los gobiernos, de la mano de las empresas, pueden abordar y superar estas tensiones raciales y aliviar el trato injusto que los grupos discriminados han sufrido en la historia.

Acorde con el desarrollo tecnológico y económico de la sociedad es importante evolucionar, de manera proporcional, en aspectos como la seguridad de cada persona y el respeto por su privacidad, de modo que no atente contra la misma ni genere situaciones discriminatorias. Brigard Urrutia ofrece una mirada al respecto.

Junio 2021