Edición 164 - RSE Inclusión 2021          


Inclusión con responsabilidad

Por Valentina Vega, coordinadora Plena Cultura Organización KPMG Colombia


De manera introspectiva, ¿sería posible que lo primero que nos cuestionemos cuando hablamos de inclusión sea si nuestras acciones verdaderamente son inclusivas? y cuestionarnos también si al ser inclusivos, realmente estamos siendo responsables con nuestras acciones.

Nos encontramos en un mundo cada vez más diverso e interesante, tenemos mayores canales de comunicación, diversas formas de expresión y a la vez, menos temores de exteriorizar lo que realmente sentimos, pensamos y percibimos. Sin embargo, lo que nos debería dar más argumentos y herramientas para ser más inclusivos, nos está limitando en términos de responsabilidades, porque las intenciones se quedan más en el mensaje, pero no en las acciones.

En un contexto organizacional, la coyuntura y exigencias de nuestros grupos de interés cada vez son más complejas; gracias a la tecnología, cada vez somos más visibles para los grupos de interés más empoderados y estrictos con un mayor escrutinio hacia el impacto y acciones que generamos desde diferentes frentes, tenemos más exposición como organización, pero a la vez seguimos cargados por una historia llena de sesgos, estigmas y barreras. Algunos podrán saber que la inclusión, no es solo un “tema”, sino un mundo de posibilidades.

Conocer sobre lo que implica la inclusión, no solo como concepto, sino como acción, hace que la forma de ver el mundo sea diferente, es aprender a ver con una capacidad distinta; no podemos obligar a una cultura a ser inclusiva y diversa, pero sí podemos crear un contexto y construir una historia con un lenguaje cuyas palabras de entrada no impliquen barreras. La imposición de ideas de inclusión no es la mejor forma de hacer entender el mensaje, la coherencia de la responsabilidad no es solamente decir lo que deberíamos ser, es serlo.

El punto de conexión entre inclusión y responsabilidad debe ser la “coherencia”, no es solo la implementación de un programa, la contratación de una persona que haga parte de alguna población vulnerable, o decir que somos inclusivos porque queremos ser responsables, sino el reto está en poder generar un contexto desde la estrategia del negocio hacia las personas, que influya y transforme la cultura y el modo de actuar en todos los niveles de la organización y del ser. En otras palabras, no es lo mismo pensar en campañas de inclusión, que hacer de la inclusión un pilar de negocio, tener todo el esfuerzo enfocado en la inclusión como meta, y nos implemente algo que se debe tener por conciencia o presión social.

Como punto de partida, hay que hacer un análisis 360° en la organización, desde los procesos internos con una perspectiva del lenguaje, y la cultura, con el fin de crear las bases para que las acciones enmarquen y guíen el comportamiento de las personas hacia un cambio a largo plazo y asegurando que este no sea superficial y permee todas las esferas de la organización. Por otra parte, es indispensable conocer a la población, identificando la diversidad de los colaboradores y sus necesidades. Si las raíces que se construyen en este camino no son lo suficientemente fuertes y estables, este tipo de acciones se tornarán paisaje y se terminarán desvaneciendo en otras acciones que no necesariamente van a continuar en el mismo enfoque de la inclusión y diversidad.

“Responsabilidad”, implica que cualquier acción tiene su consecuencia, positiva o negativa. Sesgos, estigmas y barreras siempre van a estar presentes, pero lo importante es que la diversidad no nos haga demasiado familiares como para ignorarnos, ni a su vez, demasiado diferentes como para simplemente tolerarnos.

Pasar del mensaje a la acción es lo que permite la correcta y plena inclusión en la sociedad. KPMG trabaja por lograr esta convergencia, accionar en consecuencia y brindar mejores tratos con sus colaboradores.

Abril 2021

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